Invierno

La palabra invierno nos recordaba hace años una época de nostalgia, reflexión y recogimiento.

Ahora, con las tragedias que provoca el cambio climático, la palabra invierno produce temor e inquietud.

Lo que en una época fue poesía hoy es amenaza. Y sin embargo, la humanidad contempla impasible cómo la producción mundial  basada en los combustibles fósiles, que promueve el uso del plástico en un esquema de  capitalismo salvaje y cuya población se asienta en las grandes ciudades, ha incrementado los gases de efecto invernadero, modificado los tiempos del planeta, generando muchas enfermedades respiratorias a millones y millones de niños.

Los acuerdos políticos mundiales para disminuir sus efectos son palabras al vacío, que ceden ante el ímpetu del consumo que a todos persuade.

Tal vez solo la humanidad reaccionará en bloque cuando los efectos del cambio climático empiecen a producir una migración masiva hacia lugares donde se pueda respirar. Entretanto, leamos el poema de pablo Neruda, titulado Llega el Invierno:

Llega el invierno. Espléndido dictado 
me dan las lentas hojas 
vestidas de silencio y amarillo. 

Soy un libro de nieve, 
una espaciosa mano, una pradera, 
un círculo que espera, 
pertenezco a la tierra y a su invierno. 

Creció el rumor del mundo en el follaje, 
ardió después el trigo constelado 
por flores rojas como quemaduras, 
luego llegó el otoño a establecer 
la escritura del vino: 
todo pasó, fue cielo pasajero 
la copa del estío, 
y se apagó la nube navegante. 

Yo esperé en el balcón tan enlutado, 
como ayer con las yedras de mi infancia, 
que la tierra extendiera 
sus alas en mi amor deshabitado. 

Yo supe que la rosa caería 
y el hueso del durazno transitorio 
volvería a dormir y a germinar: 
y me embriagué con la copa del aire 
hasta que todo el mar se hizo nocturno 
y el arrebol se convirtió en ceniza. 

La tierra vive ahora 
tranquilizando su interrogatorio, 
extendida la piel de su silencio. 

Yo vuelvo a ser ahora 
el taciturno que llegó de lejos 
envuelto en lluvia fría y en campanas: 
debo a la muerte pura de la tierra 
la voluntad de mis germinaciones.  


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