Un estudio reciente realizado por el científico Morten Tromholt en la universidad de Copenhague con 1095 personas, evaluó el impacto del uso del Facebook en nuestra salud subjetiva.
Se formaron dos grupos, uno que suspendería el uso cotidiano de la red social Facebook durante una semana, y otro que no lo suspendería durante el mismo lapso. La edad media fue de 34 años y el promedio de amigos en Facebook de 350 personas. Los resultados son sorprendentes:
Aquellos que mantuvieron el contacto en Facebook durante toda la semana, en especial aquellos que se comparan con los demás o tienden fácilmente a deprimirse, se sintieron mucho más infelices que aquellos que se desconectaron de la red social.
La razón es atribuida a que en el Facebook la observación constante de la vida, amigos y el éxito de los demás, conduce a las personas a compararse con ellos y por tanto a desear con ansiedad ser como ellos o tener lo que ellos poseen.
La comparación con los demás resulta así un viejo hábito de la humanidad que despierta la emoción de la envidia, por la que padecemos negativamente el deseo de ser o tener lo que otros poseen.
El no reconocimiento de nuestras auténticas necesidades, la pereza de luchar por nuestros sueños, y la falta de confianza en uno mismo alimentan esta negativa emoción de desagrado ante el bienestar de los demás.
Una regulación del tiempo de uso del Facebook, y tomar sólo lo que nos permita mejorar, sin compararnos, puede ayudar a que esta red social no afecte el nivel alto de felicidad a que estamos llamados en nuestra vida cotidiana.
¿Sientes que padeces con frecuencia la “Facebook-envidia”?
Si NO
Si contestaste SI, puedes desconectarte una semana y reflexionar sobre esa negativa emoción, observándola sin juicios y experimentando la emoción contraria del amor infinito.

