Etiqueta: felicidad

  • El estado de la abundancia espiritual

    El estado de la abundancia espiritual

    Las siguientes afirmaciones y creencias nos conducen a vivir este estado de la felicidad:

    1. Doy gracias a Dios constantemente por todos los bienes.

    2. Hay para todos en este universo infinito.

    3. Tengo certeza de que los bienes llegarán a mi vida en el momento oportuno.

    4. Me merezco lo mejor, lo excelente, lo bueno de la vida.

    5. Fluyo en lo que amo hacer con infinita alegría y amor a la humanidad.

    6. Doy y recibo con sincera bondad y desprendimiento.

    7. Repaso a diario mis metas.

    8. Si miro atrás, me enfocaré en logros conquistados y en la felicidad que he podido dar a otros.

    9. Siento la prosperidad en cada instante de mis días.

    10. Mi afirmación diaria al amanecer y al anochecer es: ¡Soy Abundante¡

  • Pasado, presente y futuro

    Pasado, presente y futuro

    Podemos experimentar la realidad de nuestro presente desde una adecuada mirada al pasado y una saludable expectativa sobre el futuro. Nuestros pensamientos y emociones actúan de manera simultánea en estas tres dimensiones: el presente, el pasado y el futuro, y en esta interacción se dan todas las posibilidades de experimentar la felicidad.

  • Volver al amor

    Volver al amor

    El amor primordial es el corazón de una vida que se realiza en la felicidad. Por tanto, debería ser el motor de todas las búsquedas, y el origen de nuestras grandes obras humanas. Es el amor la vocación natural de quienes han alcanzado el estado de gracia. Si en nuestro corazón pudiera habitar esta maravillosa dimensión del amor podría ser más fácil el amor particular a nuestra familia, amigos y pareja. Pero el ego y el apego nos hacen experimentar al otro como una cosa que es propia, y la dimensión amplia y trascendental del amor se nubla en conductas que no dejan crecer a los otros ni a nosotros mismos. Para amar a plenitud debe extirparse el ego de nuestros corazones.

    El ego separa, aleja, y hace aparecer la discordia. El apego asfixia, no deja crecer y hace germinar el resentimiento. El amor significa la renuncia al nuestro ego y apego para perseguir la felicidad. Pablo de Tarso, el apóstol de Jesús, nos lo recuerda:

    «El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.»

  • Las auténticas pasiones

    Las auténticas pasiones

    La palabra necesidad se define como el impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido. Las necesidades son las fuerzas primordiales que nos mueven a desear objetos y actividades. Sin embargo, entre estas fuerzas existen unas de mayor jerarquía: las pasiones, que son los impulsos más esenciales que mueven a las personas. Las pasiones son las primordiales fuerzas irresistibles que nos atraen y que debemos reconocer en nuestro ser como los profundos hilos invisibles del alma.

    Si podemos descubrir nuestras auténticas pasiones, habremos develado los mil rostros que puede adoptar el deseo y podremos ser fieles a nosotros mismos, porque en nuestras auténticas pasiones se encuentra la fuente original que determina el sentido de nuestras búsquedas y que nos exhorta diariamente a seguir el camino de nuestros sueños, aunque desoigamos su llamado.

    Son las pasiones la raíz de nuestros impulsos, movimientos y fines esenciales, el misterioso motor de los más importantes deseos. Y si nuestro fin esencial en la vida es la conquista de la felicidad, en nuestras auténticas pasiones está el origen de esa felicidad que todos aspiramos conquistar.