Autor: James

  • El hábito de la solidaridad

    El hábito de la solidaridad

    Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad, decía José Martí. El propósito común de la humanidad es el de alcanzar la felicidad. Sin embargo, las desigualdades e injusticias han sido constantes en la historia de los pueblos, y han imposibilitado el acceso a la riqueza general y a los bienes inmateriales de la cultura, sin los cuales no puede vivirse un mínimo de bienestar y felicidad.

    Para la conquista colectiva del propósito común de felicidad, es necesaria la acción de personas y naciones tendiente a ayudar a los demás y conseguir los objetivos de felicidad, especialmente cuando ellas se encuentran en desventaja. Esta acción virtuosa de apoyo al otro y a la sociedad es la solidaridad.

    La expresión solidaridad proviene del latín solidus, para significar lo macizo, compacto, cohesionado. Implica entonces la inclusión de todos quienes conforman una sociedad humana y la firme y consecuente actuación ante los fenómenos de exclusión y marginalidad. No significa caridad o asistencialismo, sino el deber colectivo de apoyo a los otros para asegurar la cohesión social. Eduardo Galeano, el escritor y periodista uruguayo, nos lo recuerda: “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

    La solidaridad es una virtud esencialmente orientada a los demás. Quien es solidario, actúa para crear condiciones de igualdad en favor de quienes han sido marginados de los objetos de felicidad de la modernidad. Reconocen las desventajas de las minorías sociales y luchan por una sociedad incluyente. Viven en un estado de entrega generosa a los demás. “Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos”, decía el filósofo y sacerdote san Agustín.

    Recordemos que la humanidad se ha desarrollado por los vínculos de solidaridad que han permitido construir un tejido universal de reconocimiento y diversidad. Es nuestro deber realizar a diario actos de solidaridad. 

  • Manual de la Paz

    Manual de la Paz

    La paz no es un estado pasivo del alma. Tampoco es la ausencia de conflicto. Es una construcción que nos corresponde hacer a diario con nuestras manos y nuestra libertad. Para construir la Paz necesitamos de unos materiales esenciales:

    1. Un propósito común de felicidad. La felicidad es el fin al que todos aspiramos. Es entonces un bien común que todos podemos alcanzar si nos ponemos de acuerdo en buscarlo. Es un bien político, es decir, que sólo se consigue en comunidad.Pongámonos de acuerdo en buscar la felicidad general, aquella disponible para todos sin discriminación alguna. juntos
        
    2. Acciones para el logro del propósito común de felicidad.Una acción hace la diferencia entre el logro y el fracaso. Ella desencadena una cadena de consecuencias inesperadas en nuestras vidas y en las de los demás, y por las que nos hacemos responsables. Si nuestras acciones son solidarias, haremos más fuerte a la comunidad. Si son egoístas, la resquebrajarán. hurano 

       

    3. La virtud personalLa persona virtuosa no incurre en el exceso ni en el defecto. Sabe desear lo que se debe, razonar como se debe, y elegir como se debe.  La virtud se aprende con la fuerza del hábito, de nuestro diario actuar con templanza y prudencia. El vicioso se deja arrastrar por el exceso o el defecto y no conoce del término medio. gloton
    4. La tolerancia El tolerante es aquel que reconoce como un hermano a la otra persona, pero también la acepta como un ser diferente, porque cada persona es un mundo. El tolerante acepta el conflicto como parte de la condición humana, y sabe que a través de las ideas y del diálogo se puede superar el conflicto.

       

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    5. Distribución equitativa de la riqueza. Todos deberíamos poder acceder a la riqueza general que nos permita tener una vida digna. No hay paz sin igualdad y sin justicia social. Luchar por la igualdad y la justicia social es entonces luchar por la paz.

       

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    6. Un acuerdo de todos Cuando unimos todos nuestros corazones en un compromiso primordial, es más fácil ejercer nuestra libertad, por que así sabremos cómo cumplir las reglas cotidianas. Una constitución política que logra involucrar a todos es una herramienta poderosa para el logro de la paz.

       
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    7. Gobernantes que den ejemplo La recta intención, la prudencia y la igualdad son las virtudes del buen gobernante. Quien no da ejemplo de ello no puede dirigir una nación. Por lo tanto es el buen ejemplo el mejor medio para enseñar a los ciudadanos a ser mejores.

       
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      La Paz no es una dádiva; es una conquista de todos. No es un punto de llegada; es un viaje a la felicidad, que sólo nosotros desde el amor y la igualdad podemos realizar. 

  • El hábito del perdón

    El hábito del perdón

    El pasado es importante. De él nos alimentamos para aprender y vivir en el presente. Nuestra historia personal es un relato de todo aquello que ha resultado importante en nuestras vidas. Negarnos a reconocer nuestra historia personal de vida nos impide conocer quiénes somos o aprender lo que podemos mejorar. Pero el pasado está muerto, ha transcurrido, ha quedado atrás en nuestra vida con su carga de dolor o alegría. Al ubicar lo pasado como lo que es, se abre la puerta del presente eterno, que podremos vivir tal como aparece.

    Tratar de vivir el presente sin aceptar que el pasado terminó por no aprender de él o por no poder perdonar significa estar muerto en vida y, por tanto, desaprovechar la oportunidad de ser felices en esta tierra. El perdón es la llave para liberarnos del pasado y experimentar a plenitud el presente.

    Sin embargo, el perdón implica la faceta difícil de extinguir el hábito de albergar odio, rencor o culpa en nuestros corazones. Empieza con la cesación del nocivo hábito de juzgar a los demás para, en cambio, convertirnos en testigos silenciosos del presente. El hábito del perdón nos invita a ver a los demás como hijos del gran arquitecto universal, quienes por su nivel de conciencia, como testificó Jesús, no sabían lo que hacían. Michel Bachelet perdonó a los asesinos de su padre en la dictadura de Pinochet, y Nelson Mandela pudo perdonar 27 años de encierro y vejaciones para emprender un camino de reconstrucción social con todos.

    las personas y los Estados deben estimular un ambiente en el que pueda florecer espontáneamente el  perdón en los corazones de las víctimas, porque el perdón no se decreta: es un hábito virtuoso que nace en condiciones adecuadas que nos corresponde a todos construir.

    Felices y libres, quienes pueden expresar de corazón su sincero perdón a los demás por el dolor padecido. El hábito del perdón nos libera, produce sanación espiritual y nos otorga la paz interior que finalmente abre la puerta a la paz social y a la felicidad general.

  • Las Redes Sociales

    Las Redes Sociales

    La comunicación mediante redes sociales es una de las grandes herramientas de nuestro tiempo, para irradiar y recibir amor y ejercer la ayuda a los demás. En el planeta dos mil millones de personas son usuarios de las redes sociales. El 72 % % de los usuarios las usan para informarse de noticias, conversar, comentar, o enterarse de lo que hacen las celebridades.

    Susan Greenfield, autora del libro “Your Brain On Social Media”, demuestra que las redes producen conductas adictivas con efectos en el cerebro, por lo que la moderación debería ser la pauta que dirija nuestra afición a las redes. La expresión “publico en redes, luego existo”, parece un emblema de nuestro tiempo, y explica la tendencia a la adicción a las redes.

    Si lo que buscamos es informarnos, es bueno recordar que las redes con frecuencia no informan a profundidad, sólo enteran, por lo que es bueno validar los datos que nos llegan con medios tradicionales de información.

    Propagar nuestros problemas personales o emocionales en las redes es un error que cuesta caro; al fin y al cabo uno mismo es el que se cura mediante la reflexión, el consejo de un amigo, o la ayuda de un profesional de la sicología.

    Mencionar a otra persona es un acto delicado que deberíamos pensar bien antes de publicar. Una fábula enseña:

    El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de éste y le dice:

    – Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…..

    – !Espera! – lo interrumpe el filosofo – ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

    – ¿Las tres rejas?

    – Si. La primera es la verdad. ¿Estas seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

    – No. Lo oí comentar a unos vecinos.

    – Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?.

    – No, en realidad no. Al contrario…

    – !Ah, vaya! La última reja es la necesidad¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?

    – A decir verdad, no.

    – Entonces, dijo el sabio sonriendo

    – Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

    Las redes son una oportunidad para comunicarnos en el amor y no para inflar el ego, hacer matoneo o promover la disociación. Su buen uso muestra a los demás la calidad y grandeza de nuestra felicidad.