Autor: James

  • El Premio Nobel de Paz para Juan Manuel Santos.

    El Premio Nobel de Paz para Juan Manuel Santos.

    El premio nobel de paz es el galardón más importante que entrega la comunidad internacional desde el año 1901 en memoria del inventor e industrial  Alfred Nobel, quien dispuso en su testamento que el premio se entregaría a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz.

    Se otorga para reconocer un esfuerzo significativo de paz realizado por una persona o una organización, pero también para impulsar el cese del conflicto o la prevención del mismo en un lugar específico de la tierra.

    El premio nobel otorgado a Juan Manuel Santos, presidente de los colombianos, es un reconocimiento a los esfuerzos realizados por él para lograr un acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc, tendientes a hacer cesar uno de los conflictos más antiguos del mundo, único de sus dimensiones en América, que ha provocado más de doscientos mil muertos, cincuenta mil desapariciones y seis millones de desplazados internos. También es un reconocimiento a las víctimas sobrevivientes que anhelan hoy la verdad y la reconciliación.

    Este premio es un impulso formidable a la paz en Colombia porque compromete a sus líderes políticos a que logren con prontitud un acuerdo definitivo de paz, en especial a quienes provocaron la negativa al acuerdo inicial que tiene a Colombia en una incertidumbre riesgosa, pero también es un llamado a la sociedad civil que aún padece de una especie de analfabetismo para la democracia, evidenciado con el abstencionismo en el plebiscito, para que ella actúe con determinación convocando a las múltiples gentes a lograr el esperado acuerdo y corresponder así al apoyo sensato que hoy brinda la comunidad internacional.

    El premio devuelve la esperanza a los colombianos, esa certeza de un futuro mejor, en un momento que tanto lo necesitaban.  

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  • El pensamiento optimista

    El pensamiento optimista

    Asumir la realidad que aparece ante nosotros es un reto diario de libertad, para saber elegir si la observamos con una de dos actitudes: la optimista o la pesimista. De la forma en que escojamos ver la realidad dependerá el estado de nuestras emociones para producir en nosotros alegría y amor, o tristeza, ira, miedo o dolor.

    El optimismo es la mejor cualidad que podemos elegir para interpretar la realidad, porque abre el horizonte de buscar lo bueno, ver lo bello en cada cosa del mundo, y experimentar el goce de vivir.

    El optimismo es esencialmente creativo, en medio de las grandes dificultades, como un duendecito encuentra soluciones a los problemas.

    Es tremendamente contagioso: quien está al lado de una persona optimista encuentra un refresco a las penurias que a veces vive, porque el optimismo es esencialmente hermano de la alegría, hijo de la felicidad.

    Tiene el optimismo el poder curativo de hacer olvidar las penas, de racionalizar las derrotas y levantar de nuevo el alma.

  • El hábito de la solidaridad

    El hábito de la solidaridad

    Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino de la felicidad, decía José Martí. El propósito común de la humanidad es el de alcanzar la felicidad. Sin embargo, las desigualdades e injusticias han sido constantes en la historia de los pueblos, y han imposibilitado el acceso a la riqueza general y a los bienes inmateriales de la cultura, sin los cuales no puede vivirse un mínimo de bienestar y felicidad.

    Para la conquista colectiva del propósito común de felicidad, es necesaria la acción de personas y naciones tendiente a ayudar a los demás y conseguir los objetivos de felicidad, especialmente cuando ellas se encuentran en desventaja. Esta acción virtuosa de apoyo al otro y a la sociedad es la solidaridad.

    La expresión solidaridad proviene del latín solidus, para significar lo macizo, compacto, cohesionado. Implica entonces la inclusión de todos quienes conforman una sociedad humana y la firme y consecuente actuación ante los fenómenos de exclusión y marginalidad. No significa caridad o asistencialismo, sino el deber colectivo de apoyo a los otros para asegurar la cohesión social. Eduardo Galeano, el escritor y periodista uruguayo, nos lo recuerda: “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

    La solidaridad es una virtud esencialmente orientada a los demás. Quien es solidario, actúa para crear condiciones de igualdad en favor de quienes han sido marginados de los objetos de felicidad de la modernidad. Reconocen las desventajas de las minorías sociales y luchan por una sociedad incluyente. Viven en un estado de entrega generosa a los demás. “Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos”, decía el filósofo y sacerdote san Agustín.

    Recordemos que la humanidad se ha desarrollado por los vínculos de solidaridad que han permitido construir un tejido universal de reconocimiento y diversidad. Es nuestro deber realizar a diario actos de solidaridad. 

  • Manual de la Paz

    Manual de la Paz

    La paz no es un estado pasivo del alma. Tampoco es la ausencia de conflicto. Es una construcción que nos corresponde hacer a diario con nuestras manos y nuestra libertad. Para construir la Paz necesitamos de unos materiales esenciales:

    1. Un propósito común de felicidad. La felicidad es el fin al que todos aspiramos. Es entonces un bien común que todos podemos alcanzar si nos ponemos de acuerdo en buscarlo. Es un bien político, es decir, que sólo se consigue en comunidad.Pongámonos de acuerdo en buscar la felicidad general, aquella disponible para todos sin discriminación alguna. juntos
        
    2. Acciones para el logro del propósito común de felicidad.Una acción hace la diferencia entre el logro y el fracaso. Ella desencadena una cadena de consecuencias inesperadas en nuestras vidas y en las de los demás, y por las que nos hacemos responsables. Si nuestras acciones son solidarias, haremos más fuerte a la comunidad. Si son egoístas, la resquebrajarán. hurano 

       

    3. La virtud personalLa persona virtuosa no incurre en el exceso ni en el defecto. Sabe desear lo que se debe, razonar como se debe, y elegir como se debe.  La virtud se aprende con la fuerza del hábito, de nuestro diario actuar con templanza y prudencia. El vicioso se deja arrastrar por el exceso o el defecto y no conoce del término medio. gloton
    4. La tolerancia El tolerante es aquel que reconoce como un hermano a la otra persona, pero también la acepta como un ser diferente, porque cada persona es un mundo. El tolerante acepta el conflicto como parte de la condición humana, y sabe que a través de las ideas y del diálogo se puede superar el conflicto.

       

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    5. Distribución equitativa de la riqueza. Todos deberíamos poder acceder a la riqueza general que nos permita tener una vida digna. No hay paz sin igualdad y sin justicia social. Luchar por la igualdad y la justicia social es entonces luchar por la paz.

       

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    6. Un acuerdo de todos Cuando unimos todos nuestros corazones en un compromiso primordial, es más fácil ejercer nuestra libertad, por que así sabremos cómo cumplir las reglas cotidianas. Una constitución política que logra involucrar a todos es una herramienta poderosa para el logro de la paz.

       
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    7. Gobernantes que den ejemplo La recta intención, la prudencia y la igualdad son las virtudes del buen gobernante. Quien no da ejemplo de ello no puede dirigir una nación. Por lo tanto es el buen ejemplo el mejor medio para enseñar a los ciudadanos a ser mejores.

       
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      La Paz no es una dádiva; es una conquista de todos. No es un punto de llegada; es un viaje a la felicidad, que sólo nosotros desde el amor y la igualdad podemos realizar.