Autor: James

  • Las Prioridades

    Las Prioridades

    El mundo actual se ha convertido en un reto diario de asumir distintas y numerosas tareas en un solo día. El exceso de actividad hace ruido en nuestro corazón y agita la ansiedad y el estrés.

    El reto de asegurar la subsistencia nuestra y la de la familia, hace que mucha gente termine dedicando mucho tiempo al trabajo y menos a la familia. Es recurrente que al momento de morir no decimos “hubiera querido tener más tiempo en el trabajo”, sino más tiempo con mi familia.

    Entregarse a las tareas del mundo tal como llegan éstas, sin estar conscientes de nuestras auténticas búsquedas, nos sitúa en el riesgo de perdernos a nosotros mismos y perder el sentido de la vida. El consumismo global también constituye un distractor que nos aleja de lo que realmente necesitamos,  y nos impide disfrutar plenamente del presente.

    Es entonces esencial que nos habituemos a priorizar nuestras metas para el largo plazo, el mediano y el día a día. Pero debemos priorizar lo importante según nuestras verdaderas necesidades y búsquedas porque nuestras prioridades tienen que ver con lo que realmente  amamos hacer. Empecemos cada día con un poco de lo que auténticamente amamos hacer. Una anécdota que circula en internet, de autor desconocido, enseña:

    Un experto asesor de empresas en Gestión del Tiempo quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:

    «¿Cuántas piedras piensan que caben en el frasco? «

    Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó: «¿Está lleno?»

    Todo el mundo lo miró y asintió.

    Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con gravilla. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes. El experto sonrió con ironía y repitió la pregunta: «¿Está lleno?»

    Esta vez los oyentes dudaron: «Tal vez no», contestaron.

    «Bien!» -y puso en la mesa un cubo con arena que comenzo a volcar en el frasco-.  La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.

    «¿Está lleno?» preguntó de nuevo. «¡No!» – exclamaron los asistentes.

    » Bien» – dijo, y tomó una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco.

    El frasco aún no rebosaba. «Bueno. ¿Qué hemos demostrado?» preguntó.

    Un alumno respondió: «Que no importa lo llena que esté la agenda; si lo intentas, siempre puedes hacer muchas mas cosas».

    «¡No!» – concluyó el experto, lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después.

    «¿Cuáles son las grandes piedras en la vida?

    Recuerda: ponlas primero. El resto ya encontrará su lugar.

    Empieza con tus búsquedas primordiales, aquellas que están en consonancia con tu ser, porque se orientan a tus auténticos deseos. Así encontrarás sentido en tu día, se mejorará la dirección de tus metas y ya no te perderás en el activismo y el estrés. Alcanzarás sosiego para tu vida.

    Fija en tu corazón las grandes metas para tu vida, y empieza ya.

  • Meditación

    Meditación

    La unidad con Dios puede alcanzarse mediante el camino de la meditación. La meditación es un momento único para separarnos del mundo y encontrar a Dios. En la meditación las fuerzas espirituales universales se alinean con el espíritu personal y hacen nacer un estado de felicidad y paz interior, que es propio de la divinidad.  Meditar es alcanzar la comunión silenciosa con Dios.

    Son prodigiosos los efectos de la meditación trascendental para la regulación del metabolismo, la experiencia de éxtasis interior, el control de la ansiedad y el estrés de una vida moderna que nos acosa con sus exigencias de productividad para sobrevivir. Se cree que meditar es cerrar los ojos y proceder a pensar. La meditación es un viaje a la eternidad por veinte minutos, en el que no hay emociones, ideas ni acontecimientos. Meditar significa no pensar, abandonarse a un mantra, que es un sonido especial, o a nuestra respiración, y experimentar la armonía divina en nuestro corazón y en nuestra mente. El regreso a las actividades cotidianas después de una experiencia de meditación viene acompañado de una infinita sensación de paz espiritual y sosiego. También para la filosofía oriental de Maharishi, en la profundidad de esta meditación podemos inducir un deseo que, si es acorde a nuestro destino creativo y dador, éste tenderá inevitablemente a cumplirse.

    James Fernández Cardozo

  • Una misión divina de amor

    Una misión divina de amor

    Quien ha encontrado a Dios en su corazón, vive con una misión de amor que es su propósito esencial y que da sentido a su vida. Esta misión de amor puede ser cumplirla ejerciendo nuestras pasiones y dones para el beneficio de la humanidad.

    Alcanzar la felicidad a través del amor es la meta de las metas, el fin de los fines. El sentido de una vida está en el amor que podemos dar a los demás. Y cada uno puede expresar su forma propia de dar amor haciendo lo que le es natural a su ser, lo que mejor sabe hacer en beneficio de la sociedad. Si nos decidimos a hacer lo que pide nuestro corazón, la vida se armonizará y fluirá con facilidad, pues nuestras pasiones primordiales nos llevarán a hacer lo que verdaderamente amamos, y esto permitirá satisfacer las necesidades de la humanidad, atrayendo más y más todo aquello vinculado a lo que gozamos, lo que amamos hacer. El sentido de una vida, que consiste en la dirección de nuestras intenciones y propósitos, se encuentra en el servicio a los demás, en hacer lo que amamos por amor a todos.

    JAMES FERNANDEZ CARDOZO

  • El Fin de la guerra

    El Fin de la guerra

    La segunda guerra mundial fue el conflicto global más mortífero en la historia de la humanidad, ocurrido entre 1939 y 1945, que arrojó la muerte masiva de civiles, el holocausto, y la activación de la primera bomba nuclear.

    El dominio militar mundial por parte de Hitler y el eje, fue de tal magnitud que sólo la acción conjunta y solidaria de las demás potencias aliadas pudieron cesarla.

    Un fanático creyente en la superioridad de unos sobre otros alborotó esa guerra, pero un pueblo tentado y seducido en sus emociones la secundó.

    El ego de los líderes y la facilidad para manipular las emociones ajenas, son fuente de guerras y separación entre hermanos.

    Por fortuna las guerras largas siempre llegan a su fin, y cuando ello ocurre, celebraciones como las de la enfermera Greta Friedman y el marinero, tomada por el fotógrafo Alfred Einsenstaedt el 14 de agosto de 1945 en Nueva York, y que marcó simbólicamente el fin de la segunda guerra mundial, nos recuerdan que la vocación de la humanidad es la paz y la hermandad de los corazones.