Autor: James

  • Serenidad

    Serenidad

    Una persona espiritual actúa con serenidad y bondad y posee el semblante afable de quien ha encontrado la felicidad en su vida.

    No se irrita, no se afana, todo lo acepta, todo lo soporta, sabe que todo es a la vez efímero y eterno. En su alma tiene la valentía de caminar los más duros senderos con la firmeza y entereza de quien porta en su corazón y en sus palabras el mensaje poderoso del amor de quien puede vencer las divisiones y las guerras. Luther King…

    Vemos los rostros de Buda, Jesús, Lutero, Mahoma y ellos manifiestan infinita paz y serenidad interior.

  • Unidad en Dios

    Unidad en Dios

    Dios es la fuente infinita de todo el amor y la felicidad que puede experimentarse en una vida. Dios es felicidad y por ello él se manifiesta en nuestras auténticas experiencias de felicidad, aquellas que se apoyan en la orientación de los deseos a nuestras pasiones y al amor a la humanidad.

    Estar en unidad con Dios es pensarlo, sentirlo y vivirlo no como algo separado, externo a nuestra vida, sino como una llama interior que irradia amor y felicidad a los demás. No puede describirse, no puede nombrarse con exactitud, no puede dibujarse, porque él no es una cosa; nosotros somos él cuando amamos con infinitud y damos toda la generosidad, bondad y gracia a nuestros semejantes.

    Las religiones son caminos para lograr la unidad en Dios, y estos caminos han trasegado a través de largas luchas históricas que han dejado huellas, prácticas y saberes que también han dado origen a distintas interpretaciones de la unidad con Dios.   

    Para profundizar en nosotros el hábito de la espiritualidad también podemos aprender de las enseñanzas de las grandes religiones:

    De los hindúes, que podemos vivir en comunión con Dios a través de la meditación, y que Dios expresa su unidad infinita con nosotros a través de la naturaleza. De los islámicos, que debemos guardar diariamente, en nuestro corazón y cotidianidad, un espacio para Dios, que es el único, no los dioses de la sociedad moderna: el consumo, las redes y el entretenimiento.

    De los protestantes, a entender a Jesús como un hombre con debilidades, que predicaba en las casas, no en los templos, y cuya sencillez y humildad eran su emblema.

    De los budistas, que todo lo que tiene un comienzo, tiene un fin, y que los deseos incontenibles son la causa de nuestro sufrimiento. Aprender a vivir más allá del bien y del mal, de ideologías, de los valores de cada cultura, la eternidad del presente.

    De los católicos, que Jesús vive en nuestros corazones para construir un mundo más social e igualitario.

  • Neutralizar los distractores del presente

    Neutralizar los distractores del presente

    Nacimos desnudos pero nos cargamos de aparatos tecnológicos que nos mueven con un timbrazo, interrumpen nuestras conversaciones, nos aíslan de la actividad que veníamos llevando, o la culminamos con superficialidad.

    Nacimos con la vocación de seguir nuestros deseos auténticos pero terminamos accediendo accedemos al bombardeo de la información publicitaria y orientando los deseos a lo que no da salud ni felicidad a nuestras vidas. Enredamos el ahora entre noticias, espectáculos y el culto al yo. Así, nuestra misión de dar amor en unidad con Dios se ve interrumpida por las ideologías que nos separan, la posesividad que nos hace dependientes, y el individualismo que nos hace egoístas.  Es urgente develar con valentía personal lo que nos distrae del presente.

  • El pensamiento indicador

    El pensamiento indicador

    Los pensamientos son el indicador que puede advertirnos si estamos agobiados por el pasado o preocupados por el futuro. Basta observar determinadamente a nuestros pensamientos para darnos cuenta si hemos abandonado el territorio fértil del presente, único lugar en el que puede florecer el goce de la felicidad.

    Es frecuente que los pensamientos sobre el pasado o el futuro nos atrapen y no nos dejen vivir el presente. Creemos que volver al pasado nos hará más fuertes para enfrentar el futuro y que vivir obsesionados por el futuro nos garantizará seguridad y confianza. Pero es el ahora el único lugar en que podemos experimentar la fuerza, la seguridad y la confianza. Es la lección diaria que nos dan los niños: se entregan al presente, el único lugar donde ocurre la vida, porque los niños tienen por naturaleza la vocación de vivir la vida.