Autor: James

  • Torres Gemelas

    Torres Gemelas

    El 11 de septiembre el pueblo norteamericano padeció una de las catástrofes más intensas de su historia. Más de dos mil civiles murieron calcinados o aplastados por ocasión de tres atentados simultáneos en las torres gemelas. El dolor no solo lo han vivido sus parientes sino un gran conjunto de la humanidad, porque aquel fue un atentado contra la raza humana proveniente de ideologías.

    Las ideologías resultan peligrosas y estas tienden a actuar en los pensamientos de las personas, produciendo una forma de pensamiento tóxico denominado pensamiento ideologizado, que mira la realidad desde praxis históricas concretas y enfoques únicos que se asientan en comunidades y no permiten la diversidad de ideas, de opiniones y de argumentos.

    El pensamiento ideologizado es rígido, su emblema es el ego, y su accionar es la exclusión del otro para imponer el punto de vista propio. Para cuidarnos de este tipo de pensamientos es bueno examinar la historia de las prácticas y usos sociales que dieron origen a una determinada ideología religiosa, política, económica, o de cualquier otro tipo. Y al mismo tiempo potenciar nuestro pensamiento crítico y confianza en sí mismos, frente a quienes quieran imponernos una idea nociva a nuestra libertad de sentir, pensar y elegir los mejores medios para alcanzar los sueños. Ante el fanático, compasión y autonomía.

  • Aceptar a los demás

    Aceptar a los demás

    Una persona espiritual no juzga a nadie, a todos ama. Todo lo entiende, comprende y acepta. Ante el error ajeno siente infinita compasión y aceptación, porque sabe que la realidad es lo que ocurre porque tiene que transcurrir. Las personas le reclamarán por no atacar a nadie pero una persona espiritual sabe que el odio, el rencor y la maledicencia solo pueden disolverse con el amor y la compasión. Al mal que le hacen responde con perdón, a la injuria responde con silencio, a la crítica responde con suaves palabras amorosas.  

    Una persona espiritual sabe que vivimos en niveles de conciencia y que para llegar a ese nivel tuvo que soportar muchas pruebas en el camino de la iluminación,

    El hábito de juzgar a las personas es una manifestación de nuestro ego, que pretende controlar, dominar, porque ese es su estigma. Cuando juzgamos nos separamos de la unidad de la vida y padecemos alteraciones de energía que terminan afectando a nuestra salud mental y física. Nuestra mirada debe ser de infinita compasión por los otros, quienes han nacido con una singularidad que obedece a la búsqueda de su propia felicidad. Algunos tienen un nivel de conciencia elevado y otros no, pero todos son hermanos nuestros, quienes merecen nuestro amor y compasión infinitos, por esta razón una persona espiritual se distancia de las guerras y de la explotación del hombre por el hombre.   

  • Serenidad

    Serenidad

    Una persona espiritual actúa con serenidad y bondad y posee el semblante afable de quien ha encontrado la felicidad en su vida.

    No se irrita, no se afana, todo lo acepta, todo lo soporta, sabe que todo es a la vez efímero y eterno. En su alma tiene la valentía de caminar los más duros senderos con la firmeza y entereza de quien porta en su corazón y en sus palabras el mensaje poderoso del amor de quien puede vencer las divisiones y las guerras. Luther King…

    Vemos los rostros de Buda, Jesús, Lutero, Mahoma y ellos manifiestan infinita paz y serenidad interior.

  • Unidad en Dios

    Unidad en Dios

    Dios es la fuente infinita de todo el amor y la felicidad que puede experimentarse en una vida. Dios es felicidad y por ello él se manifiesta en nuestras auténticas experiencias de felicidad, aquellas que se apoyan en la orientación de los deseos a nuestras pasiones y al amor a la humanidad.

    Estar en unidad con Dios es pensarlo, sentirlo y vivirlo no como algo separado, externo a nuestra vida, sino como una llama interior que irradia amor y felicidad a los demás. No puede describirse, no puede nombrarse con exactitud, no puede dibujarse, porque él no es una cosa; nosotros somos él cuando amamos con infinitud y damos toda la generosidad, bondad y gracia a nuestros semejantes.

    Las religiones son caminos para lograr la unidad en Dios, y estos caminos han trasegado a través de largas luchas históricas que han dejado huellas, prácticas y saberes que también han dado origen a distintas interpretaciones de la unidad con Dios.   

    Para profundizar en nosotros el hábito de la espiritualidad también podemos aprender de las enseñanzas de las grandes religiones:

    De los hindúes, que podemos vivir en comunión con Dios a través de la meditación, y que Dios expresa su unidad infinita con nosotros a través de la naturaleza. De los islámicos, que debemos guardar diariamente, en nuestro corazón y cotidianidad, un espacio para Dios, que es el único, no los dioses de la sociedad moderna: el consumo, las redes y el entretenimiento.

    De los protestantes, a entender a Jesús como un hombre con debilidades, que predicaba en las casas, no en los templos, y cuya sencillez y humildad eran su emblema.

    De los budistas, que todo lo que tiene un comienzo, tiene un fin, y que los deseos incontenibles son la causa de nuestro sufrimiento. Aprender a vivir más allá del bien y del mal, de ideologías, de los valores de cada cultura, la eternidad del presente.

    De los católicos, que Jesús vive en nuestros corazones para construir un mundo más social e igualitario.