Autor: James

  • Luchar por el don

    Luchar por el don

    La dirección de las actividades hacia los dictados del corazón tiene resistencias. Es difícil dejar atrás el camino transitado, y sabemos que iniciar un nuevo modo de actuar nos adentrará en un mundo desconocido en el que parecerá que nuestros problemas actuales se agravarán. Pero, ¿acaso no vale la pena morir por un sueño en vez de padecer la resignación y la frustración durante toda la vida?

    El amor es la mejor meta de la vida. Y cada uno puede expresar su forma propia de dar amor haciendo lo que le es natural a su ser, lo que mejor sabe hacer. El ejercicio del don es la fuente del sentido de la vida pues quien encuentra en la vida lo que desea hacer podrá orientar el curso de su destino en función de un propósito que le dará felicidad y paz.

    Si nos decidimos a hacer lo que pide nuestro corazón la vida se armonizará y fluirá con facilidad, pues nuestras pasiones primordiales nos llevarán a hacer lo que verdaderamente amamos y a satisfacer las necesidades de la humanidad, atrayendo más y más todo lo que está vinculado a lo que gozamos y amamos hacer. El sentido de una vida, que es el propósito vital, se encuentra en hacer lo que amamos, y hacerlo por amor a los demás.

    No hay nada que temer. Nuestro personal juramento por la felicidad hará mover un río tumultuoso que nadie podrá detener. Nuestras palabras serán escuchadas porque serán el trino natural de un pájaro, el sonido especial de un violín. Nuestras acciones producirán los efectos esperados y el universo se ordenará en función de nuestro corazón, porque seremos uno con él. La vida se convertirá en una fiesta de alegría, de instantes en que el aquí y el ahora florecerán. Habremos encontrado la ruta de la felicidad.

  • Vivir en el asombro

    Vivir en el asombro

    Quienes están en el presente consideran que todo es hermoso, ven la belleza en todo lo que encuentran y pueden sumergirse en los acontecimientos. Viven en el asombro ante lo que transcurra en sus vidas. Esto es lo les ocurre a los místicos e iluminados, quienes permiten ser absorbidos por la belleza inesperada de la realidad.

    También nosotros podemos vivir en el asombro alejando con decisión lo que nos distrae del presente: el pasado, el futuro,  la adicción a las tecnologías, al trabajo y a los otros. Es una de las tareas más difíciles de realizar para alcanzar la felicidad, porque a ella se oponen las ideologías, las compañías y los medios de comunicación, a quienes les interesa tu adicción y tu servidumbre.  

    Vivir en el asombro es ver la realidad con los ojos de los niños, seres entusiastas que no han cargado sus pensamientos con prejuicios, verdades o ideologías a defender.   

  • Vivir en lentitud

    Vivir en lentitud

    La vida transcurre con lentitud ante nosotros. En la mañana las flores se abren con lentitud, los rayos de sol caen lentamente y en la noche nos abraza con lentitud la brillantez lunar. Los segunderos de un reloj avanzan sin prisa, como recordándonos que el tiempo que mide transcurre lentamente. Pero no reparamos en ello. El afán de producir y luego consumir nos hace vivir a toda velocidad y competir con los demás sin poder saborear el gusto por la vida. Terminamos ansiosos o deprimidos, porque vivir de prisa constituye uno de los principales distractores de la felicidad.

    Una cura para estos trastornos es llevar una vida que trascurra con lentitud. Realizar deliberadamente cada actividad con tal lentitud que nos permita disfrutar de la actividad, alejando pensamientos sobre el pasado y el futuro y solo entregarnos a la realidad que transcurra ante nuestras vidas. Al principio escucharemos las protestas de los demás por el cambio de ritmo de nuestra vida. Pero en nuestro interior habremos conquistado el primer paso a una vida con serenidad y paz.

  • El poder de los sentidos

    El poder de los sentidos

    Experimentamos la realidad a través de nuestros órganos sensoriales, pero las funciones que cumple cada órgano hoy se están ejercitando en mundos virtuales. Nuestros días transcurren dedicado con grandes cantidades de tiempo a pantallas digitales que nos separan de la oportunidad de compartir con quienes queremos, atrofiando la calidad de nuestros sentidos para vivir el mundo real y para ejercer nuestras capacidades de amar, sentir y expresarnos de tú a tú.

    Es un deber personal interiorizar una nueva conciencia de nuestros ojos para apreciar la belleza de un amanecer o el misterio de un atardecer, una nueva conciencia de nuestras manos para estrechar las de los amigos, una nueva conciencia de nuestros oídos para escuchar las hojas de los árboles y el estruendo de los ríos, una nueva conciencia de nuestro paladar para disfrutar lentamente de los alimentos, una nueva conciencia de nuestro olfato para distinguir la sensualidad de los perfumes, y una nueva conciencia de nuestra piel para volver a sentir.

    El poder de los sentidos nos instala en la magia del ahora, la única dimensión en que transcurren los acontecimientos del mundo real, en el que podemos experimentar el afecto, la solidaridad y el amor.