Autor: James

  • El amor parental

    El amor parental

    El amor a los padres

    Nuestros padres nos dieron la vida y también son enseñanzas conforme a lo que ellos mismos aprendieron de sus progenitores, es decir, nos educaron bajo un modelo de creencias que no eligieron ellos mismos cuando fueron niños. Por tanto nos dan lo que han podido dar y esto nos obliga a mirarlos con compasión y comprensión en toda circunstancia.

    Lo que mejor podemos darle a nuestros padres es gratitud por el esfuerzo dado en nuestro favor, compañía en los momentos cruciales de la vida, apoyo para una vida digna y aceptación de su modo de ver la vida. Quien puede ser calificado como un  buen hijo de familia es generalmente un buen ciudadano, buen esposo y buen hijo de Dios.

    El amor entre Hermanos.

    Los hermanos pueden ser aliados en la aventura de la vida para compartir las mejores experiencias. En la niñez este amor de los hermanos se ve influenciado por el tipo de trato dado por los padres y el orden de nacimiento, lo que en muchas ocasiones genera conflictos; por eso un refrán reza, “si no se pelean no son hermanos”. Depende de nuestro esfuerzo personal el mantener la concordia, la cercanía y el apoyo con los hermanos. Un hermano es siempre la oportunidad de vivir la solidaridad y la simpatía de la amistad.  

    El amor a los hijos.

    La templanza es la gran regla en la educación de los hijos. Templanza para alcanzar el término medio en el afecto, en la autoridad, la cercanía y la atención.

    El término medio en el afecto evita la sobreprotección y trasmisión de miedos. El término medio en el ejercicio de la autoridad se traduce en el establecimiento de normas, de límites razonables a la libertad. Pero los padres no pueden declinar en dar amor, cercanía y atención a sus hijos. El historiador romano Tácito afirmaba: Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor.

    Tampoco el amor a los hijos significa dar cosas, es en esencia enseñar con el ejemplo propio. Un proverbio chino dice que dar a un hijo mil onzas de oro no es comparable a enseñarle un buen oficio.

    Las siguientes son algunas claves para una adecuada relación con los hijos que produzca felicidad:

    1. Los hijos no son nuestra propiedad. La disciplina puede hacerse sin gritos ni palmadas.
    2. Nuestra actividad debe orientarse a reforzar emociones placenteras y conductas  positivas para que los hijos vivan la infancia feliz que todos nos merecemos en la vida.
    3. Lo mejor que podemos dar materialmente a nuestros hijos no son cosas sino compañía y cercanía para compartir juegos, ayudar a entender la dinámica del mundo y dar nuestro precioso afecto.
    4. Debemos permitir que nuestros hijos fracasen para aprender por sí mismos a superar los obstáculos de la vida.
    5. Podemos amonestar con amor y serenidad el comportamiento reprochable, pero nunca  la persona del niño.
    6. Siempre elogiemos conductas concretas, no elogiar por elogiar.
    7. Fortalezcamos en nuestros hijos los hábitos de la felicidad, a partir de los 7 años.  
  • El futuro como aliado

    El futuro como aliado

    El árbol que crece en el presente se debe a las raíces del pasado pero mira al cielo del futuro. Sin embargo la vivencia plena del presente puede ser alterada por nuestra preocupación por el futuro. Es muy importante una vida con metas y planeación para lograrlas aunque ello traiga inevitables contingencias en el camino, porque una de las reglas de la vida es que el camino tiene obstáculos. Pero también debemos perseverar en nuestros propósitos y enfrentar los problemas con un optimismo renovado y la esperanza de un porvenir feliz. Al fin y al cabo nacimos para ser felices. El presente debe apuntar su mirada al futuro esperándolo como venturoso y feliz.

    Para que nuestro ahora no sea atrapado por las preocupaciones del futuro debemos repasar con frecuencia las imágenes del futuro que deseamos para nuestras vidas. Para ello podemos ayudarnos de un mapa de la prosperidad o de técnicas como la programación neurolingüística. Actuar en el presente creyendo sinceramente en un porvenir feliz nos da luces para actuar en el ahora con optimismo y confianza. Aunque el futuro es una nebulosa de expectativas aun no cumplidas, si él es esperado con la certeza de la felicidad, el mañana se convertirá en un faro que ilumine a la oscuridad y no una carga que agobie al presente. Esa certeza de un futuro feliz es lo que reconocemos como la esperanza.

    Todos podemos construir la realidad futura de felicidad que imaginemos para nuestras vidas, pues la imaginación es el combustible de nuestro poder para realizar los sueños. Una visión del feliz futuro que se ha establecido en nuestro corazón es el agua que puede calmar la sed de la angustia en los momentos de confusión. Esa visión puede sostener nuestra voluntad de lucha y coraje. Por eso es bueno mantener viva esta visión mediante imágenes, escritos, o audios, para mantener nuestro barco en dirección a los grandes sueños.

    No dejemos que las dificultades del presente o el dolor del pasado se conviertan en una maraña que oculte la luz del futuro de felicidad que esperamos para nuestras vidas. Si la visión personal del futuro es coherente con nuestras auténticas necesidades, se convertirá en la aliada silenciosa de nuestro sentido de la vida, el propósito profundo de amor a la humanidad y unidad con Dios que animará a todos nuestros actos.

    Aceptar la realidad del pasado, gozar la realidad del presente, y atender con esperanza la realidad del futuro, son los fortísimos hábitos para una felicidad real.

  • Diez mandamientos para sostener el amor de pareja

    Diez mandamientos para sostener el amor de pareja

    1.¿Quiere que lo amen? Empiece por amarse elevando su auto estima. No se puede dar amor si no se tiene amor propio.

    2.Su aspecto personal es importante pues la belleza es uno de los objetos naturales del deseo.

    3.Acepte al otro como es. Cada persona tiene derecho a una identidad que le permita ser ella misma y ser diferente, no una posesión del otro.

    4.Ellos: escuchar a las mujeres con paciencia. Ellas: admirar a los hombres sin crítica destructiva.

    5.Vivimos en momentos de ánimo con subidas y bajadas, ante lo cual es necesario la comprensión y el respeto verbal, gestual y físico. Cuidado con los adjetivos que descalifican al otro en medio de las discusiones.

    6.La rutina mata. Siempre se debe hacer de cada experiencia una nueva primera vez.

    7.Pequeños, medianos y grandes regalos hacia el ser que amamos.

    8.El buen humor y optimismo constante es un aliciente de una vida en pareja.

    9.No cele. Los celos avizoran la tragedia del amor porque destruyen lo cimentado y turban la tranquilidad personal.

    10.Mantenga la atención constante hacia su pareja. El amor es la flor de la vida que sólo crece con cuidados diarios.

  • Los pensamientos tóxicos y su corrección

    Los pensamientos tóxicos y su corrección

    Si observamos a nuestros pensamientos de manera pausada y reiterada podremos encontrar en nuestra actividad mental los rastros de algunos de los siguientes patrones de pensamiento tóxico:

    Pensamiento pesimista: El pesimista observa la realidad desde estas profecías: puede o va a salir mal, está saliendo mal, tenía que salir mal. El miedo está al otro lado de la puerta del pesimista, por eso la fe, la valentía y la creencia en nuestras capacidades son los antídotos del pesimismo.

    Pensamiento autocrítico. La persona se considera causante de todo lo malo del mundo, culpabilizándose por el pasado o preocupándose excesivamente por el futuro. La corrección está en asumir que como seres humanos que vinimos a la tierra a aprender y a mejorar porque sencillamente somos imperfectos en constante construcción.

    Pensamiento trascendental: mira al mundo como una moneda en que se gana o se pierde, el todo o nada, y por tanto no se aceptan matices.  Pone a una situación como determinante única de la propia felicidad. La corrección está en interiorizar la idea de que nada en la vida es tan importante, y solo somos una gota en el océano de la humanidad.

    Pensamiento incapacitante: se descalifica para la acción. Su emblema son las afirmaciones de no puedo o no soy capaz, si lo hago fracaso, soy feo, inútil, o nunca he podido. También se alimenta del miedo. Este pensamiento se enmascara cuando la persona se muestra ante los demás como muy competente en lo que precisamente siente como una carencia o ratificando proféticamente las frustraciones por su propia inacción. La apariencia es escasez, dice un adagio, por eso debemos llenar la carencia con la orientación de los deseos a nuestras verdaderas vocaciones.

    Pensamiento trágico: es una variante del pensamiento pesimista y trascendental. La persona se afecta por el dolor del mundo, sintiéndose mal inútilmente en un presunto gesto de solidaridad con los demás, o anticipando nuevas tragedias. El trágico debería entender que la vida es una oportunidad para actuar coadyuvando en cesar los dolores del mundo y haciendo crecer la felicidad general.

    Pensamiento obsesivo: se centra en un problema y descarta alternativas para ver las cosas de otra manera. Se corrige con la sana distracción, la meditación y el abstraerse metódicamente del asunto.   

    Pensamiento ideologizado. Es más peligroso de todos los pensamientos tóxicos. Se alimenta de valores, creencias y verdades personales de tipo religioso, político o de cualquier otro, que impiden ver la realidad y agitan la intolerancia. Se corrige con el examen histórico de una situación concreta que permita evidenciar como ciertas prácticas sociales en determinados lugares y épocas dan origen a valores concretos para esos entornos y que se convierten en ideologías.