Autor: James

  • Todos necesitamos de todos

    Todos necesitamos de todos

    Todos necesitamos de todos. Ningún logro personal pudo conseguirse sin el apoyo de unos padres o tutores, el consejo de un amigo, la instrucción de un docente o la prescripción de un médico. Nuestro presente feliz es el resultado de una cadena de ayudas que otros dieron en nuestro favor. El amor a la humanidad debería ser el motor de todas nuestras búsquedas, la razón de nuestro existir, el sentido de nuestras vidas.

  • La templanza con los deseos

    La templanza con los deseos

    La vida es un jardín en el que podemos hacer crecer la rosa más gentil del mundo. Para ello debemos sembrar nuestros sinceros deseos destinados al amor y la felicidad. Así se iniciará el misterioso movimiento de una buena vida porque son los deseos las semillas de Dios puestas en nuestros corazones para hacer germinar a los sueños y a la felicidad humana.

    Nuestros deseos tienen la tendencia a dirigirse a las cosas bellas y convenientes pero también a las actividades que experimentamos como placenteras[1]. Sin embargo, estos objetos de deseo también tienen el fortísimo poder de arrastrarnos y desviar nuestro destino de felicidad si no logramos orientarlos por el sendero de nuestras auténticas pasiones, esas búsquedas del corazón a las que verdaderamente estamos llamados.

    Hay un remedio para evitar la adicción de desear lo que no nos conviene: La templanza es una antigua virtud que nos permite desear lo que es realmente necesario para nuestras vidas y moderar el misterioso y tentador apetito que nos incita siempre a desear más y más.

    [1] Estos objetos de deseo corresponden según el gran filósofo Aristóteles, a lo que es para nosotros bello, conveniente o placentero. En efecto, perseguimos la belleza en todas las manifestaciones del arte y de la naturaleza, aspiramos a hacer lo que creemos es conveniente para nuestra vida, y deseamos experimentar placer y no sufrir dolor. Aristóteles, Ética Nicomaquea, 1104 b, 30-35.

  • Las enseñanzas de las religiones

    Las enseñanzas de las religiones

    Para profundizar el hábito de la espiritualidad podemos aprender de las grandes religiones:

    De los hindúes, que podemos vivir en comunión con Dios a través de la meditación, y que Dios expresa su unidad infinita con nosotros a través de la naturaleza.

    De los islámicos, que debemos guardar diariamente, en nuestro corazón y cotidianidad, un espacio para Dios, que es el único, no los dioses de la sociedad moderna: el consumo, las redes y el entretenimiento.

    De los protestantes, a entender a Jesús como un hombre con debilidades, que predicaba en las casas, no en los templos, y cuya sencillez y humildad eran su emblema.

    De los budistas, que todo lo que tiene un comienzo, tiene un fin, y que los deseos incontenibles son la causa de nuestro sufrimiento. Aprender a vivir más allá del bien y del mal, de ideologías, de los valores de cada cultura. La eternidad del presente.

    De los católicos, que Jesús vive en nuestros corazones para construir un mundo más social e igualitario.

    La relación con Dios solo ocurre en el camino de la espiritualidad. No puede uno encontrarse con él por vía de la racionalidad sino por la fe. Es Dios la fuente y la unidad de la vida.

  • Entusiasmo en el presente

    Entusiasmo en el presente

    El único lugar en que podemos experimentar la felicidad es en el presente. Es el presente una oportunidad diaria para ejercer los talentos, pensar con optimismo y experimentar emociones positivas. En el presente podemos vivir el entusiasmo, que nace de la comunión con todo y tiene la potestad de propagar la felicidad. Es el entusiasmo el ánimo del espíritu,  una llama en el corazón, la antorcha en el camino.