Los pensamientos sobre el futuro con frecuencia nos conducen al estado de la preocupación, en que anticipamos sucesos negativos para nuestras vidas. Un estado de fe en Dios, un plan de acción y la regla del optimismo diario son las mejores estrategias para una visión tranquila del futuro. Un proverbio chino reza: si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas? Y si tiene solución ¿para qué te preocupas?
Autor: James
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La Esperanza
“Tú tienes poderes que nunca soñaste tener.
Puedes hacer cosas que nunca pensaste que podrías hacer.
Excepto las limitaciones que hay dentro de tu mente acerca de lo que tú no puedes hacer.No pienses que no puedes. Piensa que tú puedes.”
David Kingsley.
¿Tienes certeza de futuro? ¿Sabes que vas a ganar? Si es así significa que tienes esperanza, que tienes tanta fe en tí mismo que sabes que la grandeza del mañana es cuestión de actuar hoy y saber esperar.
Cuando se tiene esperanza las palabras crisis, recesión, estancamiento son sólo expresiones que podemos alejar con nuestros actos que provienen de nuestra fe en nosotros mismos, y que nos hacen sentirnos grandes hoy para ser grandes mañana.
Pero esa grandeza que día a día construimos con pequeños actos, se alimenta de tiempo y perseverancia.
Robert H. Lauer lo recuerda. “Nada que valga la pena ocurre rápido y fácilmente. Tú lograrás sólo lo que estás determinado a lograr y perseverar en ello hasta que lo has logrado”.
Felices quienes tienen esperanza y avanzan con fe en la dirección de sus sueños. Ellos se convertirán un día en héroes de su propia historia y merecerán el gran premio: Una vida bien vivida.
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Miedo a ir tras los sueños
¿Te has preguntado si eres hoy lo que siempre has deseado ser? Si tu respuesta es negativa sencillamente no estás haciendo lo que tu corazón te pide que hagas, porque realmente tú sólo eres lo que haces hoy, no lo que deseas ser. Mediante el hacer lo que amas puedes llegar a tu ser íntimo y verdadero.
Si el trabajo no te permite reír, gozar del presente, o sentir la experiencia de la plenitud estás gastando inútilmente tu tiempo, desperdiciando la oportunidad de la felicidad. El trabajo no será un trabajo sino un padecimiento. Por eso Confucio sentenciaba: elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida. Nadie tiene porque venir a la tierra a padecer la realidad sino a vivirla en la felicidad. La posibilidad de gozar, de disfrutar al realizar una actividad, el medidor exacto de la felicidad.
Las convenciones sociales o lo que los demás dijeron que no podíamos ser o hacer, nos desvían del camino a nosotros mismos y son el principal obstáculo para ejercer nuestro auténtico don. También lo es la apatía por encontrarte a ti mismo y asumir en el deber de actuar en consecuencia. Pero el principal enemigo de los sueños es el miedo, ese temor que nos impide hacer lo que verdaderamente amamos. Y tenemos miedo cuando no nos reconocemos como artífices de nuestra felicidad, no nos amamos, o no tenemos fe.
Es importante amarse para confiar y vencer los miedos. La principal función del miedo es paralizar, por eso el miedo resulta tan amenazante en el gran cometido personal, que es alcanzar las metas propias de felicidad. Goethe, el gran literato alemán, nos dejó esta lección para vencer el miedo e iniciar el camino de los sueños: “Lo que puedes hacer o has soñado que podrías hacer debes comenzarlo. La osadía lleva consigo genio, poder y magia”.
El miedo se alimenta de historias personales sobre nuestros fracasos pasados, que no son otra cosa que circunstancias concretas que no logramos apreciar como una valiosa oportunidad para aprender y mejorar, sino como un obstáculo agobiante. El lingüista inglés Marc Angenot, nos advierte que cada sociedad procura instalar en las mentes de las personas los límites de lo que se puede pensar y de lo que se puede decir, y así ella reproduce viejos dominios que terminan paralizando las nobles aspiraciones de las personas. Cuando estamos atrapados por el miedo experimentamos su asfixiante control y no alcanzamos a advertir el oscuro mecanismo que lo activa, porque la función de la emoción del miedo es paralizar los deseos y suspender las certezas de la felicidad.
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El Futuro como Aliado
El árbol que crece en el presente se debe a las raíces del pasado pero mira al cielo del futuro. Sin embargo la vivencia plena del presente puede ser alterada por nuestra preocupación por el futuro. Es muy importante una vida con metas y planeación para lograrlas aunque ello traiga inevitables contingencias en el camino, porque una de las reglas de la vida es que el camino tiene obstáculos. Pero también debemos perseverar en nuestros propósitos y enfrentar los problemas con un optimismo renovado y la esperanza de un porvenir feliz. Al fin y al cabo nacimos para ser felices. El presente debe apuntar su mirada al futuro esperándolo como venturoso y feliz.
Para que nuestro ahora no sea atrapado por las preocupaciones del futuro debemos repasar con frecuencia las imágenes del futuro que deseamos para nuestras vidas. Para ello podemos ayudarnos de un mapa de la prosperidad o de técnicas como la programación neurolingüística. Actuar en el presente creyendo sinceramente en un porvenir feliz nos da luces para actuar en el ahora con optimismo y confianza. Aunque el futuro es una nebulosa de expectativas aun no cumplidas, si él es esperado con la certeza de la felicidad, el mañana se convertirá en un faro que ilumine a la oscuridad y no una carga que agobie al presente. Esa certeza de un futuro feliz es lo que reconocemos como la esperanza.
Todos podemos construir la realidad futura de felicidad que imaginemos para nuestras vidas, pues la imaginación es el combustible de nuestro poder para realizar los sueños. Una visión del feliz futuro que se ha establecido en nuestro corazón es el agua que puede calmar la sed de la angustia en los momentos de confusión. Esa visión puede sostener nuestra voluntad de lucha y coraje. Por eso es bueno mantener viva esta visión mediante imágenes, escritos, o audios, para mantener nuestro barco en dirección a los grandes sueños.
No dejemos que las dificultades del presente o el dolor del pasado se conviertan en una maraña que oculte la luz del futuro de felicidad que esperamos para nuestras vidas. Si la visión personal del futuro es coherente con nuestras auténticas necesidades, se convertirá en la aliada silenciosa de nuestro sentido de la vida, el propósito profundo de amor a la humanidad y unidad con Dios que animará a todos nuestros actos.
Aceptar la realidad del pasado, gozar la realidad del presente, y atender con esperanza la realidad del futuro, son los fortísimos hábitos para una felicidad real.

