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  • La Constancia

    Julio César Arbeláez, un amigo caleño especialista en psicoanálisis, dice que la vida tiene tres claves. La primera, que nacimos para ser felices. La segunda, que el camino tiene obstáculos. La tercera, que debemos saber esperar.

     Cuántas personas creyeron, por hacer caso a la multitud, que eran unos patitos feos cuando realmente eran preciosos cisnes y por eso dejaron de creer en sí mismos y abandonaron sus sueños? Cuantas veces le dijeron a Thomas Alba Edinson que nunca podría inventar la bombilla eléctrica? Cuántos obstáculos tuvo que enfrentar Einstein para que la comunidad científica cesara su excepticismo y aceptara la teoría de la relatividad? La historia de la grandeza con frecuencia se acompaña de muchas historias de incomprensión.

    Ser consistente es mantener el barco en dirección al puerto de llegada, sin permitir que la tempestad lo desvíe ni que gane el desaliento.

    Marco Aurelio sentenció: 

    “Un hombre debe estar reforzado y apoyado desde dentro, o su templo caerá y se convertirá en polvo”

    Por eso debemos mantener la perspectiva en los momentos aciagos, repasar con muchísima frecuencia nuestros objetivos y creer en nuestra voz interior. Las respuestas están adentro, no afuera.

    Levántate contra el “que diran” el “que oso” o el “usted no es capaz”. Tienes derecho a conquistar tu sueño, entonces aliméntalo y protégelo.

    Woodrow Wilson nos enseña:

    “Nosotros crecemos por nuestros sueños.

    Todos los grandes hombres son soñadores.

    Ellos ven las cosas en la placidez de un día de primavera  o en el fuego rojo de un largo atardecer en invierno.

    Algunos dejamos morir estos grandes sueños, pero otros los alimentan y protegen, cuidan de ellos a través de los días malos hasta que los traen hacia el sol que viene siempre para aquellos que sinceramente esperan que sus sueños se hagan realidad”.

     Que no puedes? ¡Bah!

  • La Generosidad

    En el santuario de Monserrate escuché a un sacerdote unas palabras bellísimas que inspiraron este escrito. Dijo el sacerdote:

    “El más importante no es el que más tiene, ni quien más alto cargo ocupa, ni el más famoso. El más importante es quien más sirve, quien más da, quien más ama”.

    Frecuentemente pensamos que si damos perderemos algo. Estamos muy apegados a lo que creemos tener y olvidamos que es la vida la que nos tiene a nosotros. Por eso al final del viaje no nos llevamos nada; en cambio queda en los que sobreviven lo que les hemos dado, y así en ellos, en sus corazones, continuaremos viviendo.

    La naturaleza misma es dadora, circulante. Basta observar el proceso de fotosíntesis o de circulación del agua para entender eso. Sin embargo, los seres humanos con nuestra conciencia de pobreza, de carencia, nos hemos convertido en retenedores y no en dadores. En vez de preguntarnos “en qué podemos ayudar”, nos preguntamos continuamente “que puedo yo ganar”.

    Existe otra conciencia, la de abundancia, que nos hace sabernos plenos de dones de talentos para ejercerlos dando de sus frutos a los demás. Una conciencia que nos enseña a pensar creativamente sobre lo que necesita el mundo para dárselo y no sobre lo que puede darnos el mundo a nosotros. Hace cincuenta años Japón, destruido por la guerra, pensó creativamente y descubrió que el mundo necesitaría tecnología. Japón ejerció sus talentos ofreciendo entonces tecnología y es significativo que hoy sea una superpotencia económica, y que en Tokio se radiquen los siete bancos más grandes del mundo.

  • Creer en sí mismo

    Para mover el mundo la creencia en sí mismo constituye el pan del espíritu. Ella alimenta la esperanza, la tenacidad y la constancia. Por la creencia un hombre puede mover montañas porque para el que cree todo es posible. Si yo creo en mí como artífice de mi destino y capaz de lograr cualquier objetivo, construiré mi vida como haya querido hacerlo.

    Creer en uno mismo significa conocerse, apreciar los talentos propios, verse a sí mismo como bueno, no culpable de pecados, capaz de cambiar y mejorar. También significa repasar los logros conquistados, las buenas obras realizadas y los actos de bondad con el prójimo. Significa explorar nuestras posibilidades de crecimiento, cuidar el cuerpo con ejercicio físico y el alma con ejercicio espiritual.

    Creer en uno mismo también significa atreverse a realizar el sueño o propósito por el cual nuestro corazón nos dice que hemos venido al mundo. Creer en uno mismo significa ser fiel a sí mismo, actuando bajo la ley del propio pensamiento, en el imperio de la autonomía, sin descuidar el vivir a diario nuestro propio día ideal aunque se nos quiera imponer el día ideal del mundo.

    Vuelve a tí mismo. Encontrarás allí la fuerza para conquistar los sueños.