Categoría: Mensaje Diario

  • Aceptación de la realidad

    Aceptación de la realidad

    Una persona espiritual experimenta la realidad que transcurre ante su vida con plena aceptación, sin reproches o quejas. No pretende controlar la realidad porque esta se esparce libremente sobre la vida a través de las acciones de sus semejantes o de la naturaleza. Lo que puede hacer es intervenir en ella para promover las condiciones de felicidad y bienestar de sí mismo o de la sociedad, tal como hizo Mahatma Gandhi, quien promovió la liberación del pueblo de la India, mediante una paciente revolución sin violencia, con prolongados ayunos y la formidable marcha de la sal.

    La realidad trae lágrimas y sonrisas que debemos aceptar con serenidad en la época que nos ha correspondido vivir. Los apegos a las personas o a las cosas impiden la aceptación de la realidad porque son máscaras de ilusión, que prolongan nuestro dolor y no nos permiten vivir. Anunciaba el poeta Antonio Machado: “Todo pasa y todo queda, y lo nuestro es pasar haciendo caminos sobre la mar”.

    La realidad discurre tal como debiera ser pero nos reta constantemente a realizar profundos aprendizajes sobre las consecuencias de nuestras elecciones, tomar responsabilidad por nuestras vidas y estar dispuestos al cambio en singulares caminos evolutivos.

    Una persona espiritual entiende que todo lo que le ocurre tiene un sentido, y que las coincidencias que le acaecen son las palabras con que Dios se le manifiesta para invitarle a transitar aquellos caminos que le conducirán a sus auténticas búsquedas.   

  • Bondad infinita

    Bondad infinita

    Una persona espiritual es bondadosa cuando puede darse a sí misma con el desinterés de los místicos y la afectividad de una madre. Presta atención y escucha pacientemente a los demás, porque así puede ayudar mejor a quien sólo necesita abrir su corazón. Confía en los demás porque la pureza de su humanidad no retiene, no recela, no calcula. El otro es su semejante con quien comparte y celebra la experiencia de la eternidad en el presente. El poeta Walt Whitman decía:

    “Me celebro y me canto a mí mismo.

    Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,

    porque lo que yo tengo lo tienes tú

    y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.”

    Una persona espiritual sabe que realiza un breve viaje en la tierra, en la que será causa y efecto de sus propias acciones: la causa de todo lo bueno que pueda hacer y el efecto bondadoso que recibirá de la vida. En el hinduismo a esto se le llama el karma, y las buenas acciones se traducen en un nivel superior de la conciencia en un nuevo viaje por la vida.

  • Afinidad con el arte

    Afinidad con el arte

    El arte, entendido como una actividad creadora para la producción de belleza y expresión de una visión del mundo, en sus distintas manifestaciones ha acompañado a la historia de la humanidad: pintura, escultura, música, danza literatura, cine, teatro, fotografía, arquitectura, dibujo, entre muchas otras.

    Una actividad artística nos permite sustraernos de la realidad material y transitar en la realidad de la belleza para compartirla con los demás. Posee efectos semejantes a los de la meditación por sus poderes de relajación y serenidad. El arte es el supremo ejercicio creativo de una persona espiritual.

    El arte tiene la propiedad de amplificarse en múltiples géneros y subgéneros, gracias a las tecnologías y nuevos modos de hacer las cosas, a las cuales podemos acceder fácilmente. Herramientas como YouTube o los sitios especializados en artes nos permiten hacer un curso que dará más sentido a nuestras vidas.  

    Construida una obra artística, aviene la muestra a los demás, lo que nos da la oportunidad de interactuar y compartir a través del campo infinito de la creatividad.

    Encontrada nuestra afición a un arte concreto, esta se convierte también en una oportunidad para experimentar las virtudes de la disciplina, la constancia y el reconocimiento del otro.  

     

  • Serenidad

    Serenidad

    Una persona con el rasgo espiritual de la serenidad es poseedora del semblante afable de quien ha encontrado la felicidad en su vida. No se irrita, no se afana, todo lo acepta, todo lo soporta, porque sabe que todo es efímero pero también eterno.

    Experimenta a toda hora una sensación de paz interior porque en su corazón no hay latidos de guerras, ni fanatismo por ninguna causa ideológica, política o religiosa. Tampoco lucha por imponer su razón porque le es más importante escuchar, comprender y ayudar.

    Ante las emociones negativas, esas nubes pasajeras que a veces aparecen en el cielo del alma, las observa sin juicios ni reproches, examina a qué objeto de deseo se ha apegado su espíritu, y finalmente opone sentimientos contrarios a los negativos: a la ira la calma, al desagrado la alegría, al miedo la fe. Un estudio en 300 pacientes en Sídney Australia, publicado recientemente en la revista European Heart Journal, ha demostrado la conexión entre la ira y los accidentes cardiovasculares. Es frecuente el ingreso a los hospitales de pacientes infartados, que han padecido en las últimas cuarenta y ocho horas  episodios de ira intensa, lo que les provoca el incremento de adrenalina y cortisol en el torrente sanguíneo. También son crecientes los acontecimientos de gente con ira que se manifiesta con agresiones, intolerancia y enfado.