Categoría: Mensaje Diario

  • Diciembre

    Diciembre

    Un  mes para evaluar lo acontecido en el año que termina, festejar la magia de la vida con nuestros seres queridos y renovar los vínculos de solidaridad con los menos favorecidos.

    Se celebra en muchas partes del mundo la natividad, en la que un líder social llamado Jesús nos invitó con su ejemplo a ayudar  a los demás, con generosidad y entrega infinita.

    Un mes para mejorar lo que debamos, en orden a fortalecer los hábitos que nos conduzcan realmente a las metas y a abandonar las conductas antiguas que no nos dejan crecer espiritual y  materialmente.

    Un mes para leer, meditar, servir y amar.

  • Redes sociales y concentración

    Redes sociales y concentración

    Necesitamos de grandes espacios de concentración en nuestras vidas para producir con profundidad y creatividad. Las interrupciones y las distracciones son factores que no ayudan, porque nos ubican en otra actividad distinta a la que veníamos haciendo.

    Hay personas que han decidido desconectarse de redes ante la influencia de la epidemia de distracción y sus efectos en la capacidad de concentración.  

    Creemos que para estar vigentes debemos estar actualizando el Facebook, el twitter o instagram, cuando no es así. El mundo sigue su marcha porque no eres el centro de él. El mundo solo te llamará cuando realices obras singulares que beneficien a muchos.

    La clave puede estar en controlar y limitar el tiempo que dedicamos a las redes, con templanza y disciplina.

    Una vida más simple nos pide estar en el presente disfrutando de las pequeñas realidades que este nos regala a diario. El sol al amanecer, la magia de un atardecer, la sonrisa de un niño, la conversación directa con una nueva persona, son solo minúsculos ejemplos de lo que podría ser una vida que se instale en el presente.

    Estarías dispuesto a un ayuno tecnológico de 1 semana?

  • Invierno

    Invierno

    La palabra invierno nos recordaba hace años una época de nostalgia, reflexión y recogimiento.

    Ahora, con las tragedias que provoca el cambio climático, la palabra invierno produce temor e inquietud.

    Lo que en una época fue poesía hoy es amenaza. Y sin embargo, la humanidad contempla impasible cómo la producción mundial  basada en los combustibles fósiles, que promueve el uso del plástico en un esquema de  capitalismo salvaje y cuya población se asienta en las grandes ciudades, ha incrementado los gases de efecto invernadero, modificado los tiempos del planeta, generando muchas enfermedades respiratorias a millones y millones de niños.

    Los acuerdos políticos mundiales para disminuir sus efectos son palabras al vacío, que ceden ante el ímpetu del consumo que a todos persuade.

    Tal vez solo la humanidad reaccionará en bloque cuando los efectos del cambio climático empiecen a producir una migración masiva hacia lugares donde se pueda respirar. Entretanto, leamos el poema de pablo Neruda, titulado Llega el Invierno:

    Llega el invierno. Espléndido dictado 
    me dan las lentas hojas 
    vestidas de silencio y amarillo. 

    Soy un libro de nieve, 
    una espaciosa mano, una pradera, 
    un círculo que espera, 
    pertenezco a la tierra y a su invierno. 

    Creció el rumor del mundo en el follaje, 
    ardió después el trigo constelado 
    por flores rojas como quemaduras, 
    luego llegó el otoño a establecer 
    la escritura del vino: 
    todo pasó, fue cielo pasajero 
    la copa del estío, 
    y se apagó la nube navegante. 

    Yo esperé en el balcón tan enlutado, 
    como ayer con las yedras de mi infancia, 
    que la tierra extendiera 
    sus alas en mi amor deshabitado. 

    Yo supe que la rosa caería 
    y el hueso del durazno transitorio 
    volvería a dormir y a germinar: 
    y me embriagué con la copa del aire 
    hasta que todo el mar se hizo nocturno 
    y el arrebol se convirtió en ceniza. 

    La tierra vive ahora 
    tranquilizando su interrogatorio, 
    extendida la piel de su silencio. 

    Yo vuelvo a ser ahora 
    el taciturno que llegó de lejos 
    envuelto en lluvia fría y en campanas: 
    debo a la muerte pura de la tierra 
    la voluntad de mis germinaciones.  

  • Los tres Fideles

    Los tres Fideles

    En Fidel Castro se conjugaron tres personas a lo largo de su vida:

    La primera, la de un joven soñador cuya confianza en sí mismo le permitió obtener seguidores fieles para liderar una revolución y liberar a su pueblo del yugo del dictador Fulgencio Batista, hasta lograr para su patria los hoy mejores índices de salud y educación en América. Ayudar a los demás para lograr la justicia es parte de la felicidad.

    La segunda, la de un hombre que prolongó su estadía en el poder, convirtiéndose en autócrata de su pueblo, que hoy pide libertades y ampliación de la democracia. El poder, junto al sexo y el dinero, son modernos objetos de placer que tienden a arrastrar a las personas en detrimento de los demás.

    La tercera, la del final de sus días, la de un hombre calmado que abogó por la cesación de la lucha armada y la paz de los pueblos. La paz es un valor esencial para la felicidad general.

    En materia de virtudes y defectos, procuremos profundizar con templanza a las virtudes y alejar con vigor los defectos, mediante el sabio consejo de quienes nos ven desde afuera.