Categoría: Mensaje Diario

  • 21 de diciembre, el solsticio de invierno

    21 de diciembre, el solsticio de invierno

    El 21 de diciembre es un día especial para el planeta porque ocurre un fenómeno conocido como el solsticio de invierno(del latín sol  y sistere quieto: sol quieto), en el que la posición del sol en el cielo se encuentra a mayor distancia angular negativa del ecuador celeste.

    Para muchas culturas del mundo este día tiene un contenido espiritual pues significa renovación y renacimiento, por lo que se celebra con festivales, ferias y rituales. El Amaterasu japonés, el Chaomos paquistaní, la navidad cristiana, el festival asiático Toji, el Hogmanai escocés, la fiesta de santa Lucía en Suecia, el Makara hindú, el papá Noel occidental, el Sol Invictus romano o el Olentzero español y francés, son ejemplos de celebración de este momento.

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    El Olentzero

    Algunas culturas orientales aprovechan este día para la invocación individual, en el marco de la meditación, de los más queridos deseos que podrán cumplirse en el año siguiente.

    La lista de nuestros deseos debe corresponder a las auténticas necesidades para que nuestro sentir, pensar y actuar sea coherente con nuestro ser interior, para que podamos ser fieles a nosotros mismos.

    En el 21 de diciembre escribamos los deseos del próximo año, siguiendo sólo los dictados de nuestro corazón.

  • Arte para nuestra vida

    Arte para nuestra vida

    El arte, entendido como una actividad creadora para la producción de belleza y expresión de una visión del mundo, en sus distintas manifestaciones ha acompañado a la historia de la humanidad: pintura, escultura, música, danza literatura, cine, teatro, fotografía, arquitectura, dibujo, entre muchas otras.

    Una actividad artística nos permite sustraernos de la realidad del mundo y transitar en la realidad de la belleza para compartirla con los demás. Posee efectos semejantes a los de la meditación por sus poderes de relajación y serenidad.

    El arte tiene la propiedad de amplificarse en múltiples géneros y subgéneros, gracias a las tecnologías y nuevos modos de hacer las cosas, a las cuales podemos acceder fácilmente. Herramientas como YouTube o los sitios especializados en artes nos permiten hacer un curso que dará más sentido a nuestras vidas.  

    Construida una obra, aviene la muestra a los demás, lo que nos da la oportunidad de interactuar y compartir a través del campo infinito de la creatividad.

    Encontrada nuestra afición a un arte concreto, esta se convierte en oportunidad para experimentar las virtudes de la disciplina, la constancia y el reconocimiento del otro.  

  • Confía en ti mismo

    Confía en ti mismo

    La mayoría de las personas desean que su razón u opinión sea aceptada y reconocida por los demás gracias a una emoción fundamental denominada ego, que les hace sentirse muy importantes o superiores ante los demás.

    Pero la razón u opinión ajena es con frecuencia muy distinta a la nuestra, lo que nos impele al reto de tener ánimo crítico frente a los puntos de vista ajenos, en especial cuando versen sobre política, religión o ideologías. Incluso frente a las opiniones sobre las pequeñas cosas de la vida se nos incita a adoptar la opinión ajena. “ese traje no te queda bien, no uses esa herramienta, te ves ridículo haciendo eso”.

    La mejor pregunta que puedes hacerte antes de aceptar un punto de vista ajeno es esta: ¿lo que se me propone está en consonancia con mis auténticos deseos y el bienestar de los demás?

    Pero si no sabes lo que tu  corazón desea, será muy fácil vivir para la opinión de los demás y no bajo la luz de la tuya. Saber lo que se quiere en la vida define nuestra identidad y también nuestra libertad.  

    Cuando no somos críticos frente a la opinión ajena, nuestra ruta de navegación en la vida se moverá al vaivén de las circunstancias. Vinimos al mundo a dejar una huella de amor auténtico, no a pisar las huellas de otros.  

    Confía en tu propio juicio, confía en ti mismo…

  • Ego

    Ego

    Se le empieza diciendo que es el mejor. Y él se lo cree.

    Luego se le premia por ser el mejor, y también se lo cree.

    Al final se cree superior, elevado, el más inteligente, bueno y capaz.

    El mundo empieza a convertirse en una carrera competitiva para seguir siendo el mejor, y en esa carrera, lucha, agrede y humilla. No puede encontrarse a sí mismo, sólo complacer a quienes aplaudirán su logro.  

    A esta altura ya pervive en él una nueva emoción, un sentimiento extraño que agita, produce ansiedad y es adictivo: ahora padece la emoción del ego, un apego exagerado a su propio yo.

    Cuidar las emociones es un patrón universal de felicidad. Cualquier emoción que se desborde en nuestra alma nos hará perder el camino.

    Quien está atrapado por la emoción del ego, deberá comenzar por observarse a sí mismo sin juzgarse, examinar el yo imaginario al que se apega, y experimentar frecuentemente la emoción contraria al ego, que es el sentimiento de humildad para servir, dar y amar.