Categoría: Mensaje Diario

  • El hábito de cuidar de sí mismo

    El hábito de cuidar de sí mismo

    Cuidarse a sí mismo hace parte de la felicidad a pesar de que en el curso de la historia ha existido mucha prevención sobre este aspecto de la vida. El cuidado de sí mismo es nuestro primer deber personal para disfrutar de la vida, vivir en sociedad y ejercer a plenitud las facultades que nos permiten construir un mundo mejor.

    El cuidado de sí mismo es un hábito que nace en el auto imagen amorosa que poseemos de nosotros y que nos corresponde perfeccionar, puesto que el ser humano siempre puede mejorar. Este perfeccionamiento de sí se alimenta de la forma en que aceptamos nuestros rasgos físicos, nuestra posición social, la forma en que los deseos apuntan a nuestras verdaderas necesidades, y la potencia de nuestro juicio crítico frente a las opiniones de los demás. La niñez constituye el primer campo de entrenamiento de una autoimagen positiva, lo que obliga a los adultos a no convertir a los niños en blanco de juicios y críticas, pues los niños son muy vulnerables ante las figuras de autoridad y aún no poseen las fortalezas mentales para enfrentarlas.

    La forma en que nosotros nos vemos a sí mismos determinará nuestra manera de observar la realidad del mundo. Es la autoestima un sentimiento único a partir del cual podemos amar a los demás y emprender valientes cometidos para la felicidad general. Sin embargo, el amor propio es elástico pues tendemos naturalmente a vivirlo con excesos o con defectos lo que nos hace preguntarnos ¿cómo valorarnos a nosotros mismos en una justa medida? Aristóteles, en la Ética a Nicómaco enseña que la magnanimidad es una virtud que nos hace sentirnos valiosos en término medio, es decir, sin pecar por defecto al considerarnos poco valiosos y sin caer en el exceso por la exagerada estimación propia que se convierte en ego y vanidad. La magnanimidad nos invita a creer con realismo en nosotros mismos para emprender grandes proyectos de vida y luchar por ellos. Quien cree en sí mismo no se rinde ante la adversidad y sólo abandona un proyecto como resultado de una evaluación racional de su inconveniencia actual, nunca como consecuencia del desánimo o el desespero.

  • Amar y ser amado

    Amar y ser amado

    En el amor se encuentra el sentido de la vida. Es una chispa divina que enciende nuestro corazón porque quienes tienen al amor como la meta de su vida poseen la  verdadera fuerza para mover al mundo.

    Encontrar que la vida es amor y que podemos dar todo el amor que brota de nuestro corazón es el mayor hallazgo para vivir la experiencia de la felicidad. Pero así como podemos tener la capacidad de dar este infinito amor también podemos permitir ser amados en plenitud, pues el amor no actúa en una sola orientación: es una calle de doble vía en la que podemos transitar con nuestros mejores hábitos para dar y recibir amor.

    Tres rostros tiene el amor, y de nuestra templanza para vivirlos depende la felicidad en su esplendorosa dimensión afectiva.

  • Cuidar las emociones

    Cuidar las emociones

    Las emociones son impulsos que tienden a movernos a una acción beneficiosa o negativa. Provienen de tendencias genéticas, circunstancias externas, o de los propios pensamientos. Paul Ekman detectó cuatro emociones primordiales en todas las culturas del mundo: la ira, el temor, la tristeza y el placer. Agregaríamos la emoción del amor. Cada una de estas emociones se deriva en distintos estados de ánimo, según Goleman:

    Ira: furia, fastidio, resentimiento, cólera, indignación, disgusto.

    Tristeza: pesar, congoja, melancolía, pesimismo, soledad.

    Temor: preocupación, ansiedad, incertidumbre, vergüenza, fobia.

    Placer: felicidad, alegría, alivio, contento, deleite.

    Amor: aceptación, simpatía, amabilidad, confianza, afinidad.

    Cuidar las emociones significa tener autodominio para controlar a nuestros impulsos. Aristóteles en la Ética a Nicómaco señalaba: “Cualquiera puede ponerse furioso…eso es fácil. Pero estar furioso con la persona correcta, en la intensidad correcta, en el momento correcto, por el motivo correcto, y de la forma correcta… eso no es fácil.”

    Las emociones deben educarse para pensar y actuar bien. Los estudios de Antonio Damasio- neurólogo de la facultad de medicina de la universidad de Iowa- demostraron que las emociones son indispensables para las decisiones racionales. En la antigüedad Aristóteles advertía que la templanza asegura a los juicios de la prudencia[4]. No observar a nuestras emociones u omitir las  estrategias para vencer las emociones que nos impulsan a situaciones negativas ha conducido a las personas de la sociedad moderna a infinidad de estados patológicos de depresión clínica y ansiedad.

  • El miedo a correr tras los sueños

    El miedo a correr tras los sueños

     ¿Te has preguntado si eres hoy lo que siempre has deseado ser? Si tu respuesta es negativa sencillamente no estás haciendo lo que tu corazón te pide que hagas, porque realmente tú sólo eres lo que haces hoy, no lo que deseas ser. Mediante el hacer lo que amas puedes llegar a tu ser íntimo y verdadero.

     Si el trabajo no te permite reír, gozar del presente, o sentir la experiencia de la plenitud estas gastando inútilmente tu tiempo, desperdiciando la oportunidad de la felicidad. El trabajo no será un trabajo sino un padecimiento. Por eso Confucio sentenciaba: elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida. Nadie tiene por que venir a la tierra a padecer la realidad sino a vivirla en la felicidad. La posibilidad de gozar, de disfrutar al realizar una actividad, el medidor exacto de la felicidad.

    Las convenciones sociales o lo que los demás dijeron que no podíamos ser o hacer, nos desvían del camino a nosotros mismos y son el principal obstáculo para ejercer nuestro autentico don. También lo es la apatía por encontrarte a ti mismo y asumir en el deber de actuar en consecuencia. Pero el principal enemigo de los sueños es el miedo, ese temor que nos impide hacer lo que verdaderamente amamos. Y tenemos miedo cuando no nos reconocemos como artífices de nuestra felicidad, no nos amamos, o no tenemos fe.

    Es importante amarse para confiar y vencer los miedos. La principal función del miedo es paralizar, por eso el miedo resulta tan amenazante en el gran cometido personal, que es alcanzar las metas propias de felicidad. Goethe, el gran literato alemán, nos dejó esta lección para vencer el miedo e iniciar el camino de los sueños: “Lo que puedes hacer o has soñado que podrías hacer debes comenzarlo. La osadía lleva consigo genio, poder y magia”.