Categoría: Mensaje Diario

  • El hábito de ayudar a los demás

    El hábito de ayudar a los demás

    Nuestra civilización ha sobrevivido gracias a los lazos de solidaridad y cooperación entre los semejantes. Estos vínculos primordiales nos permitieron vencer los obstáculos de la naturaleza y evolucionar en una cadena de generaciones que transmitieron unas a otras los saberes, las prácticas y los afectos que nos mantienen unidos como especie. Las guerras constituyen episodios de separación local que finalmente logran superarse para vivir largos períodos de paz.

    Nacemos en el seno de una humanidad que nos da leche y cobijo en los primeros años. Crecemos entre juegos, albergamos sueños, formamos una familia, nos integramos a la sociedad y un día nuestros parientes y amigos nos despiden con dolor por nuestra partida final. Nacemos crecemos y morimos en comunidad. La mejor forma de expresar un sentido de amor por la humanidad son los gestos cotidianos de ayuda a los demás. Cuando ayudamos a los otros a ser felices, encontramos nuestra propia felicidad. Un refrán reza:

    Si quieres ser feliz…

    …durante una hora, haz la siesta.

    …durante un día, vete a pescar.

    …durante un mes, cásate.

    …durante un año, recibe una herencia.

    …durante toda la vida, ayuda a alguien.

  • El hábito de hacer lo que se ama

    El hábito de hacer lo que se ama

    Dios ha puesto en cada uno de nosotros un don especial para usar el instrumento preciso que nos corresponde en la sinfonía universal de la vida. El mayor tesoro que podemos hallar en la tierra es el talento, vocación o llamado divino para el que hemos nacido. Una vez descubierto nuestro don contraemos la trascendental misión personal de ejercerlo en beneficio de la humanidad.

    Cuando nos dedicamos a hacer lo que verdaderamente amamos, a ejercer nuestra pasión vital, gozamos del presente como una experiencia espiritual y el sentido de la vida florece en nuestro corazón. Entramos en comunión con todas las fuerzas de la vida y sin esfuerzo fluye la creatividad, la prosperidad y la felicidad.

    Hacemos parte del gran concierto universal diseñado para alcanzar la plenitud y la felicidad. Albert Einstein, el físico alemán, sostenía que el ser humano es parte de un todo y sin embargo, se experimenta a sí mismo como separado de los demás. Proponía en consecuencia que la gran misión en la vida es ampliar el círculo de compasión y amor a toda la humanidad. La literatura sufí también ha dado cuenta de esta visión de la vida como un gran propósito integrado a todo lo demás afirmando que: la vela no está allí para iluminarse a sí misma. El sentido de que la existencia se realiza a través de un hacer amoroso para la gran sinfonía universal. Mediante nuestro más puro don de hacer aquello que más amamos podremos alcanzar la unidad del ser universal, la unidad esencial de la vida.

    Todas las filosofías del mundo coinciden en que la felicidad está relacionada con el hábito de ejercer una actividad para la que somos virtuosos y que nos produce tanta dicha que mientras la realizamos perdemos la noción del tiempo y del espacio. El don personal tiene la naturaleza de ser irrepetible y único, por tanto nos da un sentido de identidad que nos distingue de los demás para la misión de expresar nuestro talento en función de la felicidad general. El don es la estampa de lo que mejor sabemos hacer para servir a la humanidad.

  • Los Buenos Pensamientos sobre el Futuro

    Los Buenos Pensamientos sobre el Futuro

    Los pensamientos sobre el futuro con frecuencia nos conducen al estado de la preocupación, en que anticipamos sucesos negativos para nuestras vidas. Un estado de fe en Dios, un plan de acción y la regla del optimismo diario son las mejores estrategias para una visión tranquila del futuro. Un proverbio chino reza: si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas?  Y si tiene solución ¿para qué te preocupas?  

  • Responsabilidad por la Felicidad

    Responsabilidad por la Felicidad

    Con frecuencia culpamos a otras personas, a fuerzas extrañas, o a la suerte, de lo bien o mal que la pasamos. Son usuales las siguientes frases “si tú cambiaras, yo sería feliz”, “como no me quieres, no puedo ser feliz”, “tengo tan mala suerte…”, “no he tenido la oportunidad de…” Y la lista parece no terminar. Culpamos a los otros porque así eludimos la responsabilidad personal de ser felices, de ejercer la libertad para construir con nuestras manos la propia felicidad. Poseemos el don precioso de la libertad interior pero sentimos temor de ejercerla. Pasan los años y terminamos sometidos al eficaz poder del miedo. Ser feliz es una decisión personal y valiente que revela hasta qué punto se es verdaderamente libre para elegir los mejores hábitos de vida. La decisión constante de ser feliz es la insignia de quien es verdaderamente libre.