Autor: James

  • El hábito de hacer lo que se ama

    El hábito de hacer lo que se ama

    Dios ha puesto en cada uno de nosotros un don especial para usar el instrumento preciso que nos corresponde en la sinfonía universal de la vida. El mayor tesoro que podemos hallar en la tierra es el talento, vocación o llamado divino para el que hemos nacido. Una vez descubierto nuestro don contraemos la trascendental misión personal de ejercerlo en beneficio de la humanidad.

    Cuando nos dedicamos a hacer lo que verdaderamente amamos, a ejercer nuestra pasión vital, gozamos del presente como una experiencia espiritual y el sentido de la vida florece en nuestro corazón. Entramos en comunión con todas las fuerzas de la vida y sin esfuerzo fluye la creatividad, la prosperidad y la felicidad.

    Hacemos parte del gran concierto universal diseñado para alcanzar la plenitud y la felicidad. Albert Einstein, el físico alemán, sostenía que el ser humano es parte de un todo y sin embargo, se experimenta a sí mismo como separado de los demás. Proponía en consecuencia que la gran misión en la vida es ampliar el círculo de compasión y amor a toda la humanidad. La literatura sufí también ha dado cuenta de esta visión de la vida como un gran propósito integrado a todo lo demás afirmando que: la vela no está allí para iluminarse a sí misma. El sentido de que la existencia se realiza a través de un hacer amoroso para la gran sinfonía universal. Mediante nuestro más puro don de hacer aquello que más amamos podremos alcanzar la unidad del ser universal, la unidad esencial de la vida.

    Todas las filosofías del mundo coinciden en que la felicidad está relacionada con el hábito de ejercer una actividad para la que somos virtuosos y que nos produce tanta dicha que mientras la realizamos perdemos la noción del tiempo y del espacio. El don personal tiene la naturaleza de ser irrepetible y único, por tanto nos da un sentido de identidad que nos distingue de los demás para la misión de expresar nuestro talento en función de la felicidad general. El don es la estampa de lo que mejor sabemos hacer para servir a la humanidad.

  • Los Buenos Pensamientos sobre el Futuro

    Los Buenos Pensamientos sobre el Futuro

    Los pensamientos sobre el futuro con frecuencia nos conducen al estado de la preocupación, en que anticipamos sucesos negativos para nuestras vidas. Un estado de fe en Dios, un plan de acción y la regla del optimismo diario son las mejores estrategias para una visión tranquila del futuro. Un proverbio chino reza: si tienes un problema que no tiene solución, ¿para qué te preocupas?  Y si tiene solución ¿para qué te preocupas?  

  • Responsabilidad por la Felicidad

    Responsabilidad por la Felicidad

    Con frecuencia culpamos a otras personas, a fuerzas extrañas, o a la suerte, de lo bien o mal que la pasamos. Son usuales las siguientes frases “si tú cambiaras, yo sería feliz”, “como no me quieres, no puedo ser feliz”, “tengo tan mala suerte…”, “no he tenido la oportunidad de…” Y la lista parece no terminar. Culpamos a los otros porque así eludimos la responsabilidad personal de ser felices, de ejercer la libertad para construir con nuestras manos la propia felicidad. Poseemos el don precioso de la libertad interior pero sentimos temor de ejercerla. Pasan los años y terminamos sometidos al eficaz poder del miedo. Ser feliz es una decisión personal y valiente que revela hasta qué punto se es verdaderamente libre para elegir los mejores hábitos de vida. La decisión constante de ser feliz es la insignia de quien es verdaderamente libre.

  • Buda y Los Deseos

    Buda y Los Deseos

    En la filosofía budista existe otra forma de relacionarse con los deseos. Hace más de dos mil quinientos años el rey Sudodana, en el norte de la India, deseaba profundamente que su hijo Shidarta Gautama Buda no conociera enfermos, ancianos o sufrimiento alguno. A causa de una antigua leyenda, tenía el temor de que su hijo se convirtiera en monje y abandonase el destino de la monarquía. Sin embargo, Shidarta Gautama Buda después de gozar de una vida de infinita riqueza material a los veintinueve años experimentó un llamado interior que lo hizo renunciar al palacio real y emprender un viaje de vida mendicante con el propósito de hallar la causa del sufrimiento humano. Después de muchas privaciones y a punto de morir, Shidarta Gautama Buda encontró la iluminación, un estado espiritual más allá del bien y del mal, desde el cual logró por fin apaciguar sus deseos y hacer cesar su propio sufrimiento. Desde entonces el budismo nos exhorta a seguir el camino del medio, situado, según esta visión, entre el sensual placer de los sentidos y la austeridad de los ascetas.