Cuando deseamos, lo hacemos porque experimentamos la carencia de algo que no se tiene, una sensación de que estamos incompletos y que nos impulsa a reparar esa carencia. Por esto la vocación natural de nuestros deseos siempre es la de satisfacer necesidades o carencias. Cuando un niño desea comer previamente ha experimentado la necesidad de nutrirse. Esta necesidad lo lleva a desear y por tanto a manifestar su deseo llorando y pataleando. El proceso ocurre porque las necesidades hacen agitara nuestros deseos hacia objetos con los cuales se pretende superar la carencia. Estos objetos de deseo que perseguimos en la vida siempre contienen una promesa de satisfacción y placer, y por tanto de felicidad. El deseo siempre pretende satisfacer una necesidad, y esto nos hace sentir felices.
La palabra necesidad se define como el impulso irresistible que hace que las causas obren infaliblemente en cierto sentido. Las necesidades son las fuerzas primordiales que nos mueven a desear objetos y actividades. Sin embargo, entre estas fuerzas existen unas de mayor jerarquía: las pasiones, que son los impulsos más esenciales que mueven a las personas. Las pasiones son las primordiales fuerzas irresistibles que nos atraen y que debemos reconocer en nuestro ser como los profundos hilos invisibles del alma.
Si podemos descubrir nuestras auténticas pasiones, habremos develado los mil rostros que puede adoptar el deseo y podremos ser fieles a nosotros mismos, porque en nuestras auténticas pasiones se encuentra la fuente original que determina el sentido de nuestras búsquedas y que nos exhorta diariamente a seguir el camino de nuestros sueños, aunque desoigamos su llamado.
Son las pasiones la raíz de nuestros impulsos, movimientos y fines esenciales, el misterioso motor de los más importantes deseos. Y si nuestro fin esencial en la vida es la conquista de la felicidad, en nuestras auténticas pasiones está el origen de esa felicidad que todos aspiramos conquistar.
Autor: James
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¿Qué agita a nuestros deseos?
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El Brexit
La agrupación de países para el logro del bienestar común es una realidad contemporánea que ha traído beneficios para la integración, la multiculturalidad y el diálogo constante entre los pueblos.
Toda asociación entre personas o grupos humanos implica diferencias en la conducción de los destinos, pero si existe una compatibilidad básica estas diferencias deben conciliarse para hallar soluciones a lo que nos separa. Distanciar lo que podía ser compatible entre grandes fuerzas mundiales traerá un mal ejemplo a la comunidad internacional, porque se atizarán divisiones y populismos.
El Brexit es una lección para la Unión Europea, que ahora debe profundizar la solidaridad con los migrantes forzosos y sus países miembros hoy en dificultades.
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El Mundo sería más Feliz Si
El mundo sería más feliz si la igualdad, la riqueza material y a la trascendencia que nos dan los bienes inmateriales pudieran ser una posibilidad real. La vida en comunidad nos pide vivir como hermanos, andando los caminos tomados de las manos, solidarizados para alcanzar un mundo de paz y justicia. El poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, así nos convoca:
“No seré el poeta de un mundo caduco.
Tampoco cantaré al mundo futuro.
Estoy atado a la vida y oigo a mis compañeros.
Entre ellos, considero la enorme realidad.
El presente es tan grande, no nos separemos.
No nos separemos mucho, vamos unidos por las manos”.
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El Sorites de la Paz
El estado de felicidad requiere de la vida armoniosa de las comunidades.
La vida armoniosa de las comunidades se puede ver truncada por las desigualdades sociales y los fundamentalismos.
Las desigualdades sociales y los fundamentalismos deben ser esclarecidos para su erradicación.
La erradicación de la desigualdad se logra posibilitando que todos puedan acceder al bienestar; la erradicación de los fundamentalismos se logra aceptando que cada praxis social erige una razón distinta.
La razón distinta reconocida en el otro y la igualdad traen la paz.
La paz trae felicidad.
