Autor: James

  • Aceptar la realidad

    Aceptar la realidad

    La realidad trae lágrimas y sonrisas que debemos aceptar con serenidad en la época que nos ha correspondido vivir. Los apegos a las personas o a las cosas impiden la aceptación de la realidad porque son máscaras de ilusión, que prolongan nuestro dolor y no nos permiten vivir. Anunciaba el poeta Antonio Machado: “Todo pasa y todo queda, y lo nuestro es pasar haciendo caminos sobre la mar”.

    La realidad discurre tal como debiera ser pero nos reta constantemente a realizar profundos aprendizajes sobre las consecuencias de nuestras elecciones, tomar responsabilidad por nuestras vidas y estar dispuestos al cambio en singulares caminos evolutivos.

    Una persona espiritual entiende que todo lo que le ocurre tiene un sentido, y que las coincidencias que le acaecen son las palabras con que Dios se le manifiesta para invitarle a transitar aquellos caminos que le conducirán a sus auténticas búsquedas.

  • La Compasión

    La Compasión

    Reconocer que los demás, al igual que nosotros, persiguen la felicidad y buscan evitar el sufrimiento abre la puerta infinita de la compasión hacia todos los seres vivientes.
    En la filosofía budista la compasión permite entender que quien ha realizado un gran daño a los demás no lo hace por maldad sino por ignorancia, y que esta persona todavía debe transitar sobre el camino de la evolución de su conciencia.
    Un corazón compasivo se alegra ante las alegrías de sus semejantes y no distingue entre personas para irradiar lo mejor de sí mismo. Un corazón compasivo siempre ama a pesar de las ofensas.

  • Un trabajo que te haga reír

    Un trabajo que te haga reír

    Si el trabajo no te permite reír, gozar del presente, o sentir la experiencia de la plenitud estás gastando inútilmente tu tiempo y desperdiciando la oportunidad de la felicidad. El trabajo no será un trabajo sino un padecimiento. Por eso Confucio sentenciaba: “elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. Nadie tiene por que venir a la tierra a padecer la realidad sino a vivirla con felicidad. La posibilidad de gozar, de disfrutar al realizar una actividad, es el medidor exacto de la felicidad en ese instante.

  • Orientar los deseos

    Orientar los deseos

    Nuestros deseos tienen la tendencia a dirigirse a las cosas bellas y convenientes pero también a las actividades que experimentamos como placenteras. Sin embargo, estos objetos de deseo también

    tienen el gran poder de halarnos y desviar nuestro destino de felicidad si no logramos orientarlos por el sendero de nuestras auténticas pasiones, esas búsquedas del corazón a las que

    verdaderamente estamos llamados. La clave no es desear o que se cumplan los deseos, la clave es desear lo que realmente necesitamos para nuestras vidas.